(EDITORIAL): Los estragos del nacionalismo

2017-10-10 07:00:00

Altavoz 

Lo importante es vivir siempre sabiendo que los sujetos de derecho son las personas, no las nacionalidades y que una injusticia hecha contra un chileno es tan repulsiva como una hecha contra un peruano.


Este domingo, Mario Vargas Llosa fue la figura principal de la manifestación contra la independencia de Cataluña realizada en Barcelona. El Nobel Peruano, tal vez de manera curiosamente contradictoria ya que se encontraba en un lugar lleno de banderas españolas y catalanas, dio un discurso contra los nacionalismos acusándolos de ser causa de barbarie y guerras. "Religión laica, herencia lamentable del peor romanticismo, el nacionalismo ha llenado la historia de Europa, del mundo y de España de guerras, sangre y cadáveres", dijo Vargas Llosa frente a miles de españoles.

Aunque la discusión sobre la independencia de Cataluña no es tanto entre nacionalistas contra humanistas, sino entre dos tipos distintos de nacionalistas, las palabras de Vargas Llosa no dejan de ser ciertas. El nacionalismo, ideología que suscribían Ollanta Humala y Nadine Heredia antes de ser gobierno en el 2011, ha sido siempre un mal que ha divido a personas que en otras circunstancias podrían haberse tendido la mano. Sus peores expresiones las vivimos el siglo pasado en el nazismo y el fascismo, movimientos que pretendieron darle un carácter brutalmente nacional a sus Estados.

Es entendible que durante siglos se haya enseñado a las personas a amar a sus naciones y a odiar a otras ya que las guerras entre grupos humanos eran constantes y comunes. Sin embargo, hoy el nacionalismo no es más que una ideología anacrónica, un tribalismo que debería pasar a la historia al igual que el racismo. Al fin y al cabo, el nacionalismo es la ideología que dicta que por un motivo tan arbitrario como la geografía determinadas personas tienen una mayor relevancia moral que otras.

En el mundo globalizado debe quedar claro que las personas no importan por ser peruanas, argentinas o brasileñas, sino por ser humanas. Antes que compitiendo con otras naciones como cree Donald Trump, los países hoy se hacen ricos cooperando e intercambiando entre ellos, haciendo difusas las fronteras nacionales. David Ricardo lo expresó hace más de un siglo en lo que en la economía contemporánea se conoce como la ley de las ventajas comparativas. Los peruanos no tenemos por qué producir todos los productos habidos y por haber como pretendía Velasco. Los peruanos tenemos que producir lo que mejor sabemos hacer y comerciar con otros para obtener lo que ellos hacen mejor que nosotros.

Evidentemente, es entendible que muchos sientan un afecto especial por el lugar en el que nacieron y sus tradiciones. Sin embargo, lo importante es entender que toda persona merece igual respeto y que las tradiciones no se imponen nunca a través de la violencia del Estado. Sobre todo en sociedades como la peruana en la que conviven diversas naciones, lenguas y costumbres. Lo importante es vivir siempre sabiendo que los sujetos de derecho son las personas, no las nacionalidades y que una injusticia hecha contra un chileno es tan repulsiva como una hecha contra un peruano.


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