Ana y Mía - por Milagros Bendezú

2017-10-10 10:05:00

Milagros
Bendezú
@tehablan
 

"Me dijo, con toda tranquilidad, que le interesaba una chica de su trabajo, que no quería estar más conmigo porque estaba gorda."


Mi acercamiento con Ana fue a los 20 años.

Estaba en cuarto año de Universidad y jamás me preocupé por mi peso, jamás se me pasó por la cabeza. Siendo una persona ansiosa, comía más que de costumbre, ya que tenía mucho más estrés que en el colegio. 

Tenía novio, creía que estaba enamorada, un fin de semana me visitó como de costumbre. Viéndolo entrar intuía que no venía nada bueno. Me dijo, con toda tranquilidad, que le interesaba una chica de su trabajo, que no quería estar más conmigo porque estaba gorda. Esa frase me quedó grabada por mucho tiempo. Gracias a esa frase di una visita por el infierno. 

Estaba destruida. Al día siguiente no fui al trabajo ni a la facultad, estaba con la cara hinchada de haber llorado tanto. Mis papás se habían ido a trabajar así que nadie me iba a molestar. Me encerré en mi cuarto, me desnudé frente al espejo y sí, me vi gorda, me sentí gorda. Ese día empezó mi ayuno.

No fue difícil esquivar la comida por una semana. En Internet encontré muchísimas páginas pro anorexia y bulimia, muchos tips, muchas chicas que se autodenominaban “princesas”. Ana y Mía eran sus diosas, querían alcanzar algún tipo de perfección que yo no conocía. 

Me recuerdo esquivando las comidas en casa bajo cualquier pretexto, lavándome los dientes cada hora para que no me noten el aliento a “estómago vacío”, como le decía mamá. Llegué al mes tomando agua, energizantes y dos manzanas. 

Llegó mi cumpleaños y era inevitable salir con mi familia, fuimos por pastas. Pedí canelones y me los comí en 5 minutos, gran error. Me descompuse en el restaurante, corrí al baño con muchas náuseas y vomité hasta mi primera papilla. Mamá me encontró sentada al lado del inodoro llorando desconsoladamente. Perdón mami. 

Me llevaron a una clínica, pasé 3 días internada con suero, poco a poco podía volver a la comida normal. Mi psicoanalista me visitaba todos los días. La clínica no hacía preguntas, nadie hacía preguntas. 

Poco a poco volví a la vida, a mi rutina, pero seguí con las terapias. Investigué sobre alimentos saludables, snacks que me aportaran nutrientes y empecé a practicar box. 

Me topé con Green Press, empresa que ofrece paquetes détox y de complemento nutricional hechos a base de frutas y verduras. Hice un pedido de tres días después de averiguar mucho, ya que jamás había desintoxicado mi cuerpo. Pensé que no se me permitía comer, pero en realidad sí, podía complementar con frutos secos además de su leche de almendras, que es un verdadero éxito. 

El primer día fue raro, pero no malo, los otros dos los llevé muchísimo mejor, al término del tercer día me sentía bien conmigo, más liviana. El plus fue sentirme cuidada. Me llamaron al tercer día a conversar conmigo, preguntándome qué tal me había ido. Fue lindo sentir que de verdad se preocupaban. 

Adoptando métodos saludables, empecé a quererme, a cuidarme, a mostrarme tal cual era. Poco a poco me descubrí sonriendo frente al espejo, me sentí suficiente. Salí de mi escondite y acepté ayuda. Si seguía en el conjuro de Ana y Mía iba, en el mejor de los casos a terminar muerta o, tal vez, internada en un cuarto de hospital siendo alimentada por una sonda


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