(EDITORIAL): ¿Tenemos congresistas? 
Opinión
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FUENTE: Martín Pauca

2017-09-11 07:00:00

Altavoz 

Al margen del análisis de fondo que se pueda hacer sobre las respuestas de Martens y de lo justificada que estaba la interpelación, el ausentismo de los congresistas es una verdadera falta de respeto hacia todos los peruanos.


El viernes de la semana pasada, el Congreso de la República citó a la ministra de Educación, Marilú Martens, para que responda las 40 preguntas del pliego interpelatorio que ellos mismos habían formulado. En la cita, que comenzaba a las 10 de la mañana, la titular del Minedu debía contestar, entre otras cosas, los cuestionamientos que se le han hecho por no haber podido resolver en un menor tiempo la huelga docente. 

Sin embargo, mientras duraba la interpelación, varios de nuestros parlamentarios prefirieron ausentarse a atender dios sabe qué actividades. Lo único que ha trascendido es que a las 10:30 el presidente del Congreso, Luis Galarreta, se reunió junto a otros congresistas (Carlos Tubino, Julio Rosas, Roberto Vieira, Juan Carlos Gonzales y Tamar Arimborgo) con miembros del movimiento "Defensores de los Derechos de Familia", una organización cercana a "Con mis hijos no te metas". 

Al margen del análisis de fondo que se pueda hacer sobre las respuestas de Martens y de lo justificada que estaba la interpelación, el ausentismo de los congresistas es una verdadera falta de respeto hacia todos los peruanos. A la 1 pm, apenas había 40 congresistas de 130 escuchando a la ministra. Y a las 10 am, el tercer vicepresidente del Congreso, Mauricio Mulder, tuvo que dirigir la presentación de la ministra porque Galarreta y los vicepresidentes del Congreso, Mario Mantilla y Richard Acuña, no estaban para cumplir con su trabajo. 

Decimos que esta es una falta de respeto hacia los peruanos porque si tenemos representantes políticos es justamente para momentos como este. Los congresistas no pueden interrumpir un día de trabajo de la ministra de Educación para no escuchar lo que tenga que decir. Menos cuando la consecuencia de la interpelación puede ser la censura. Lo único que podría explicar el comportamiento de nuestros parlamentarios es una de las siguientes opciones: o no les importa la situación del Ministerio de Educación o ya han tomado una decisión sobre una eventual censura sin oír a la ministra. En ambos casos, el comportamiento de los congresistas es reprobable porque nos lleva a preguntarnos cuál es entonces el sentido de interpelar a la ministra. ¿Desestabilizar?

Tal vez nuestros congresistas necesiten recordar que las interpelaciones no están hechas para que hagan politiquería con discursos altisonantes, sino para que oigan lo que los ministros tienen que decir ante sus cuestionamientos. Votar sobre la censura de un ministro sin escuchar sus argumentos es una irresponsabilidad que no debemos permitir de ningún modo. Nuestros parlamentarios tienen que aprender que así como exigen al Ejecutivo que cumpla con sus deberes, ellos también deben hacer lo propio. Ya vimos suficiente desinformación e ignorancia durante el proceso de censura de Jaime Saavedra por parte de nuestros congresistas -¿se acuerdan que la prueba PISA era un "psicosocial"?- como para permitirles que se ausenten a una nueva interpelación.


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