(EDITORIAL): La otra victoria del Perú
Opinión
Maritza Garrido Lecca y Martha Huatay
FUENTE: Composición: Correo

2017-09-06 07:00:00

Altavoz 

Aunque pueda parecer injusto que los senderistas sean liberados después de todo el daño que hicieron y tal vez muchos crean que incluso merecen nunca más volver a llevar una vida en libertad, es importante reflexionar por qué los combatimos y por qué merecíamos vencerlos.


Sendero Luminoso ha sido el grupo terrorista que más ha marcado la historia de nuestro país. Los peruanos que nacieron antes de los 90 recuerdan bien los coches bomba, los secuestros de niños y los fusilamientos. Las fosas comunes, los campos de concentración construidos por los senderistas en la selva central y los "juicios populares" son eventos que jamás debemos repetir. La Comisión de la Verdad y la Reconciliación le adjudica la repugnante cifra de más de 30 mil víctimas a los sanguinarios dirigidos por Abimael Guzmán. 

Por todas estas razones, es entendible que a los peruanos les indigne saber que los presos por delitos de terrorismo están siendo liberados. Este mes y el próximo, dos de las mujeres terroristas más conocidas de Sendero Luminoso volverán a las calles sin ninguna muestra de arrepentimiento. Maritza Garrido Lecca, la bailarina que escondió a Abimael Guzmán en Lima, y Martha Huatay, integrante del comité central de Socorro Popular (brazo femenino de Sendero), saldrán de prisión este 11 de setiembre y 16 de octubre, respectivamente. 

Aunque pueda parecer injusto que los senderistas sean liberados después de todo el daño que hicieron y tal vez muchos crean que incluso merecen nunca más volver a llevar una vida en libertad, es importante reflexionar por qué los combatimos y por qué merecíamos vencerlos. Y es que, si los peruanos derrotamos al terrorismo no fue para imponer otro estado que decida sanciones arbitrariamente y motivado por el odio. 

Nosotros vencimos al terrorismo para que no destruyan la democracia y podamos vivir en un país regido por leyes en vez de por el capricho de un grupo de sanguinarios. La lucha contra el terror merecía la pena no porque seamos igual a ellos, sino por una idea de país en el que se respeten los derechos de las personas, en el que todos sean iguales frente al Estado y en el que en vez de "juicios populares" haya procesos justos, imparciales y basados en la ley. 

Por eso es que cuando los senderistas son liberados, antes que como una derrota, debemos verlo como una victoria del régimen democrático. Nos guste o no, ellos fueron juzgados y como cualquier otro criminal, cumplieron con su condena. Podemos discutir sobre si pudo aplicarse una condena más alta o no, pero es indiscutible que, como cualquier reo, tienen derecho a que se los libere cuando su condena se venza. 

En todo caso, si es que existe un problema es que las penas en el Perú no cumplen su función de resocializar a las personas para que puedan volver a vivir en sociedad. Nuestro problema no es, entonces, que se cumplan las leyes, sino que no se cumplen lo suficiente. Nosotros vencimos al terrorismo para defender el estado de derecho y ahora debemos vivir con las consecuencias. A veces los resultados de las leyes no nos pueden gustar, pero el precio de un país libre es precisamente ese.


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