La verdad de algunas mentiras - por Ariana Lira Delcore
Opinión
FUENTE: Difusión

2017-08-11 15:11:00

Ariana
Lira
@arianalirad
 

"Si las cifras de 'La verdad de una mentira' son incorrectas, a contestarle. Pero el debate debe ser argumentativo. Despotricar contra la autora sin siquiera tomarse un par de horas para leer su libro no solo refleja la más osada flojera intelectual, sino una renuncia a nuestra capacidad de autocuestionamiento".


Era obvio: “La verdad de una mentira”, de María Cecilia Villegas, iba a alborotar el gallinero. El tema de las esterilizaciones forzadas durante el gobierno de Alberto Fujimori es quizás uno de los más sensibles en materia de derechos humanos en la historia del Perú, ya que la tesis implica el aprovechamiento de la falta de educación y la pobreza, el engaño, el abuso, la violencia de género, quitarle a una mujer la capacidad de ser madre y mucho más. Claro que iba a armarse el chongo.

Lo que me fastidia, sin embargo, es que el chongo se haya ido por el lugar equivocado. En lugar de generarse un debate académico alturado, en el cual lo propuesto por Villegas es rebatido con argumentos y datos, la crítica ha sido mayoritariamente hecha con el hígado, insultando y encasillando a la autora para descalificarla. Ojo: lo primero, felizmente, ya está ocurriendo, pero sigue siendo la excepción.

Desde antes de la publicación del libro, la crítica ha sido, por lejos, más apasionada que racional. Y permítanme enfatizar: Des-de-an-tes-de-la-pu-bli-ca-ción-del-li-bro. No me queda más que envidiar los poderes de adivinación de algunos críticos prematuros.

Ahora bien, debo reconocer que no soy ninguna experta en el tema de las esterilizaciones forzadas. Creo que mi conocimiento sobre la materia está limitado a lo aprendido durante mi paso por la PUCP. Y luego de haber leído a Villegas, solo tengo más y más curiosidad por escuchar a quienes rebaten sus ideas, a quienes las defienden y así. De eso se trata, ¿no?

Mientras tanto, sin embargo, no quisiera dejar de intentar desbaratar unas cuantas mentiritas que se andan repitiendo en redes sociales sobre la autora y su libro. A ver si así dejamos de lado las despotricadas y nos enfocamos en el debate. Veamos:

Despotricada número 1: Villegas, la fujimorista

Luego de la publicación del libro, Villegas ha señalado expresamente en una entrevista para Perú 21 no ser fujimorista. ¿Por qué habríamos de creerle? Que el escepticismo sea siempre bienvenido. Sin embargo, para sorpresa de muchos, lo cierto es que en el mismo libro la autora califica de inconstitucional el intento de Alberto Fujimori por continuar gobernando por tercera vez. Además, sostiene que este renunció desde el extranjero “por causa de grandes escándalos de corrupción”.

Despotricada número 2: Villegas, la derechista conservadora

El que dice esto sí que no leyó ni la primera página del libro. Porque a lo largo de toda la investigación, Villegas critica duramente a la derecha conservadora y a la Iglesia Católica, a quienes atribuye en gran parte el bloqueo de políticas anticonceptivas estatales por creencias patriarcales y religiosas.

De hecho, Villegas –lejos, lejísimos de los conservadores- no solo cree que las mujeres tienen derecho a planificar su maternidad mediante métodos anticonceptivos, sino que defiende que el Estado los proporcione de manera gratuita. En esa línea, por poner un ejemplo, ha expresado su rechazo a la prohibición del Tribunal Constitucional del reparto gratuito de la píldora del día siguiente.

Y podemos ir más allá. ¡Villegas condena que el aborto sea ilegal en el Perú! Y cito el controvertido libro: “La legalización del aborto ha sido identificada como un efecto positivo en la reducción de la mortalidad materna, en vista que reduce el porcentaje de abortos ilegales que se realizan en condiciones insalubres. Sin embargo, la fuerte oposición de la Iglesia católica y de grupos conservadores hará muy difícil su legalización”.

A lo largo del texto, además, la autora enfatiza reiteradas veces su preocupación por la brecha en el acceso a los servicios de salud reproductiva y la desigualdad entre las poblaciones más pobres y las más ricas, e incluso se refiere al Perú como “un país donde históricamente el acceso a la contracepción se restringía a las clases medias y altas”. Asimismo, ataca la desigualdad de género en materia de acceso a la educación.

A todo esto, también me permito sumarle el abierto y contundente apoyo que ha mostrado Villegas a toda propuesta que busca combatir la violencia de género y la discriminación contra la población LGTBI. Basta con revisar sus redes sociales durante la campaña de #ConMisHijosNoTeMetas para comprobarlo.

Alineadísima con las feministas que la tildan de desalmada.

¡Imagínense! Abiertamente en contra de la derecha conservadora y la Iglesia Católica, partidaria de la repartición por parte del Estado de métodos anticonceptivos de manera gratuita, de acuerdo con la despenalización del aborto y expresamente defensora de la igualdad de género y los derechos LGTBI. No sé ustedes, pero a mí me suena como al cuco de los conservadores.

Despotricada número 3: ¡Villegas, negacionista!

Primero que nada, en ningún momento la autora afirma que no existieron esterilizaciones forzadas en el Perú. De hecho, afirma que estas se dieron antes, durante y después del gobierno de Alberto Fujimori y las condena firmemente.

Y aunque señala que estas no fueron producto de una política de Estado, es sumamente enfática en condenar la falta de justicia con las mujeres víctimas. Cito: “todas y cada una de las mujeres peruanas que fueron víctimas de una esterilización sin el debido consentimiento debieron ser remediadas y los médicos y el personal administrativo que atentaron contra ellas debieron ser llevados ante la justicia”. De hecho, uno de los hilos conductores del texto radica en la necesidad de sancionar exhaustivamente a los médicos que realizaron estas prácticas.

Además, la autora no exime completamente de responsabilidad al gobierno: admite que este debió haber ejecutado “un mejor mecanismo para monitorear la implementación del programa, así como una buena estrategia de comunicación” y critica que el programa de planificación familiar no haya tomado en cuenta las tradiciones locales para su correcta implementación.

Ahora bien, estemos o no de acuerdo con la hipótesis de Villegas, lo cierto es que esta no es presentada como una simple opinión, sino que basa sus cifras en datos de entidades estatales. Que estos datos sean contestables es otra cosa. Y de eso se trata: de abrir el debate, de encontrar conocimiento mediante la confrontación de información. Si las cifras de “La verdad de una mentira” son incorrectas, si sus conclusiones son falaces, vamos, a contestarle. Pero el debate debe ser argumentativo. Despotricar contra la autora sin siquiera tomarse un par de horas para leer su libro no solo refleja la más osada flojera intelectual, sino una renuncia a nuestra capacidad de autocuestionamiento. Dogmatismo, le dicen algunos.


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