(EDITORIAL): El Frente Roto y el transfuguismo
Opinión
FUENTE: Andina

2017-07-11 07:01:00

Altavoz 

Si ni siquiera la necesidad de oponerse a su némesis política pudo mantener unido al Frente Amplio, es porque la ambición de poder, el juego sucio y el autoritarismo que se vive dentro de la bancada ha llegado a un extremo absolutamente intolerable.


Aunque parezca increíble, incluso la bancada de Peruanos por el Kambio ha durado más tiempo unida que el Frente Amplio. La bancada oficialista puede no tener ideología y puede que no pase de ser un grupo de personas reunidas alrededor de Pedro Pablo Kuczynski, pero han mostrado menos discrepancias internas que una coalición supuestamente unida por ideas comunes y cuyos dos líderes en disputa (Marco Arana y Verónika Mendoza) fueron candidatos de una misma plancha presidencial.

El mismo Marco Arana lo dijo hace unos meses: en estas condiciones, un gobierno de Verónika Mendoza hubiera sido un fracaso porque -además de las otras evidentes razones- ni siquiera son capaces de llevar la fiesta en paz como partido. Y lo preocupante es que no pudieron mantenerse unidos a pesar de la necesidad de enfrentar a la mayoría absoluta del fujimorismo. Si ni siquiera la necesidad de oponerse a su némesis política pudo mantener unido al Frente Amplio es porque la ambición de poder, el juego sucio y el autoritarismo que se vive dentro de la bancada, ha llegado a un extremo absolutamente intolerable. Los peruanos debemos estar atentos porque definitivamente no queremos que estas actitudes ni quienes las portan se extiendan en la política nacional.

Sea como fuere, si una cosa buena debe salir de todo esto, es que las personas afines a ideas de izquierda comprendan por fin que el "transfuguismo" no es malo en sí mismo. Evidentemente es un error unirte en coalición cuando no estás seguro de que esta va a durar al menos por el periodo de gobierno (¿tal vez sea hora de sepultar la idea de que todo lo que es de izquierda es bueno?), pero se pueden dar casos en los que diferencias irreconciliables obligan que un grupo de congresistas desee salirse de la bancada sin sufrir consecuencias negativas.

El transfuguismo, en ese sentido, es condenable cuando se hace a cambio de dinero como era en la época de Vladimiro Montesinos. Sin embargo, si un congresista cambia legítimamente de postura política o si una bancada traiciona los principios por los que los congresistas fueron elegidos (el caso del Partido Nacionalista), renunciar y querer ser parte de otro grupo parlamentario es totalmente válido. La ley "anti-transfuguismo" que aprobó este Congreso se ha convertido en una herramienta que le brinda poder a las cabezas de los partidos, independientemente de si actúan bien o de manera deplorable. Y esa es una razón suficiente para que sea repelida.


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