¿Insistir o cambiar el rumbo? - por Marcelo Mosenson
Opinión
FUENTE: Difusión

2017-06-23 11:50:00

Marcelo
Mosenson
 

"El bajar o no los brazos puede ser un acto de cobardía como de inteligencia e instinto de supervivencia, dependiendo de cada caso".


El nunca bajar los brazos es una máxima tanto exigente como seductora. Cualquiera que se proponga hacer algo debe saber de antemano que se expondrá a miles de obstáculos que deberá intentar sortear de querer cumplir con su objetivo. Ya lo dijo Fidel Castro, durante alguno de sus maratónicos discursos, “no retrocederemos ni para tomar carrera”.

Toda frase motivacional tiene pretensiones de universalidad. Pero son sólo eso, meras pretensiones. Me atrevería a afirmar que en el terreno del amor, toda insistencia tiende al fracaso. La seducción tiene sus límites y, más aún, si una relación no fluye, lo más probable es que la meta amorosa esté más basada en el miedo y en el capricho que en un obstáculo a ser superado.

En otras palabras, cuando no va, no va.

Por el contrario, el no bajar los brazos tiene más sentido cuando uno se propone un objetivo inalcanzable en relación a cualquier emprendimiento laboral o vocacional. Quien no asuma que los desafíos son inherentes a toda empresa, seguramente nunca logre conseguir nada, mucho menos la excelencia.

Pero también sucede que ciertas reiteradas negativas puedan no tratarse sólo de obstáculos a los cuales uno deba afrontar, sino tal vez, la señal irrefutable que nuestro propósito no sea el correcto.

Recuerdo la frustración de un escritor amigo quien, al recibir una nueva negativa por parte del medio periodístico en el cual deseaba escribir, sucumbió ante el dilema de si bajar o no los brazos. Las conjeturas que surgieron en nuestra conversación fueron varias. O bien su nivel no era lo suficientemente bueno para el editor o, por el contrario, a pesar de su calidad como escritor, el medio periodístico al que aspiraba acceder no se correspondía con su sensibilidad. Frente a lo cual, no tendría muchas chances de lograrlo, aún si se dispusiera a seguir insistiendo incansablemente.

Quizá, el problema de estas frases contundentes como vacías, tengan la virtud que cada uno pueda rellenarlas de sentido según su propia supuesta conveniencia.

Intuyo que solemos confundir, en no pocas oportunidades, el medio con el fin. Si la búsqueda es el amor recíproco, probablemente, más allá de toda literatura romántica idealizada, lo mejor sea dar un paso al costado en cuanto el ser amado se torna más un obstáculo que un reposo.

Si mi amigo estuviera convencido de su talento respecto de su escritura, quizá podría replantearse si su sueño por escribir para un determinado medio se trata de un fin o bien, de un mero medio para legitimar su talento.

Cualquiera sea el caso, el bajar o no los brazos puede ser un acto de cobardía como de inteligencia e instinto de supervivencia, dependiendo de cada caso.

Son siempre fascinantes las historias de héroes que frente a toda adversidad insisten tercamente en su afán de lograr su objetivo hasta apoderase de él. Rocky Balboa y el mismo Silvester Stallone, con su insistencia por producir la película que lo llevaría al estrellato, son un ejemplo de héroe contemporáneo en donde la voluntad, sacrificio y disciplina permiten llegar a la cima.

Claro que por cada héroe que lo logra hay otros miles de héroes más que no lo logran y que por esa misma razón permanecen en el anonimato. Haciéndonos creer de esta manera que sólo quienes realmente se lo proponen llegan a conquistar sus sueños.

El héroe se construye siempre a partir de un personaje cuyos obstáculos para arribar a la meta suelen aparecer como insuperables. Cuanto más costoso más heroico. La dramaturgia constante y repetitiva del deporte son un buen ejemplo de esto, ya que apelan a la narrativa más elemental: todos tenemos algún objetivo respecto del cual se nos interponen barreras para hacer un gol.

Pero hay héroes que jamás calificaríamos como tales. Son aquellos hombres y mujeres que tienen la enorme habilidad y sensibilidad de prever las dificultades anticipando y luego sorteando obstáculos que les permiten llegar a sus respectivas metas sin transpirar. Son aquellas personas que parecieran estar imbuidos de suerte y que por ese mismo motivo generan las mayores de las envidias ya que no comprendemos cómo lo logran. Si no funciona algo, lo hacen distinto, su insistencia fluye casi como si la voluntad no formara parte de sus respectivos universos.

Me atrevería a afirmar que más allá de la seducción ejercida por cualquier acto sacrificial, todo sacrificio, si es vivido como tal, tiene como destino el fracaso, aún de lograrse el cometido.

Sacrificarse por conquistar un amor es tan absurdo como pretender ganar en la ruleta apostando a todos los plenos al mismo tiempo.

En cuanto a mi amigo, dejó de insistir con el medio en cuestión para embarcarse en la producción de su propia revista y publicar allí sus artículos. Evitando así, someterse a la aprobación de nadie más que a su propia autocrítica.

Bajar los brazos es de cobardes. No hacerlo es, en ciertas ocasiones, de necios. Saber cuando bajarlos o no es de personas inteligentes.


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