(EDITORIAL): Un maoísta en el Congreso
Opinión
FUENTE: Perú21

2017-06-19 07:00:00

Altavoz 

De acuerdo a un congresista del Frente Amplio, no hay nada de malo en denominarse maoísta por los cambios sociales que produjo Mao Tse Tung.


La semana pasada, durante un debate en el pleno del Congreso, el congresista del Frente Amplio, Alberto Quintanilla, realizó una intervención que no debería pasar desapercibida. Nuestros congresistas se encontraban debatiendo un dictamen de la Comisión de Justicia –bastante peligroso para el país e inútil para impedir una nueva marcha del Movadef- que modifica el delito de apología al terrorismo y que fue aprobado con 71 votos a favor. 
Pese a que Quintanilla se abstuvo de votar sobre el dictamen (la bancada del Frente Amplio fue la única que no votó a favor), el parlamentario de la facción del Nuevo Perú -movimiento liderado por Verónika Mendoza- habló fuerte y claro sobre las razones por las que uno debería llamarse con orgullo marxista o maoísta. En un intento por deslindar el marxismo y el maoísmo del terrorismo, Quintanilla resaltó los grandes aportes que Karl Marx habría hecho a la economía y llegó a decir que Mao Tse Tung hizo posible que 600 millones de personas salieran de la pobreza. Así como lo leen: Los “cambios sociales” y los aportes “positivos” que habría hecho Mao a la revolución comunista en China lo harían responsable, al menos en parte, del crecimiento económico del país asiático.
Esta vez, no vamos a detenernos a analizar las contribuciones que haya podido hacer Marx al pensamiento económico ni vamos a criticar al congresista Quintanilla por llamarse marxista (aunque nos preocupa que personas con ideas tan equivocadas tengan voz y voto a la hora de crear nuevas leyes). Sin embargo, las palabras del parlamentario frente amplista sobre Mao Tse Tung son vergonzosas y tienen que ser rechazadas. Estamos ante un congresista que no solo muestra un nulo conocimiento de historia, sino que parece tener un esquema moral execrable. 
Mao Tse Tung, máximo líder de la China comunista desde 1949 hasta 1976, es cualquier cosa menos una figura que merezca nuestro respeto. Es, en realidad, uno de los más grandes violadores de derechos humanos de la historia de la humanidad. En sus textos no solo llamaba a la violencia, sino que actualmente se le atribuye alrededor de 70 millones de muertes en tiempos de paz. Una cifra que supera –y por mucho- a las atrocidades cometidas por Joseph Stalin y Adolf Hitler, los otros dos líderes totalitarios que marcaron el siglo pasado. Entre otras cosas, Mao impulsó la "Revolución Cultural" que consistió en la destrucción del arte "burgués", ataques a centros religiosos, humillaciones públicas e incluso asesinatos de personas consideradas como "contrarevolucionarias". 
Pero Mao no solo era un dictador que violaba constantemente los derechos humanos de quienes no se sometían a sus ideas. Sus propuestas económicas llevaron a China directamente a la miseria. Su plan más importante, el denominado "Gran Salto Adelante" (1958-1961), prometía superar en quince años la producción industrial del Reino Unido. El resultado, sin embargo, fue completamente distinto: tan solo entre el 59 y el 61 murieron 14 millones de personas por las hambrunas que causaron la implementación de las ideas de Mao. Esos son los grandes "aportes" de Mao a la economía China que se le olvidan mencionar al congresistas Quintanilla. 
Si queremos ser honestos con la historia, la gran transformación que sufrió China no se debió a Mao, sino principalmente a Deng Xiaoping, otro miembro importante del Partido Comunista chino que recién pudo implementar a profundidad políticas de apertura comercial tras la muerte de Mao en el 76. De hecho, es de sobra conocido que Deng y Mao no eran precisamente aliados, sino que el primero integraba al grupo de los "reformistas" dentro del Partido Comunista. Si China es hoy un país cada vez más rico, no es gracias a Mao, sino a las reformas más favorables al mercado que se llevaron a cabo después de su muerte. Sería bueno que Alberto Quintanilla piense un poco antes resaltar con tan poca sutiliza el legado de Mao. Sus víctimas se lo agradecerían.


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