ABC de la ideología de género - por Javier Llopis
FUENTE: Difusión

2017-05-22 09:50:21

Javier
Llopis
 

"Sí existe una ideología de género : aquella que obliga a un hombre a ser masculino y a una mujer a ser femenina, aquella que obliga a un hombre a ver tetas y a una mujer a que se las deje ver",


Estimado lector: ¿cuándo fue la primera vez que te dijeron que no llorases porque los hombres no lloran? ¿Cuántas veces te han mirado raro por decir que prefieres un coctel a una chela? ¿Hace cuánto que te dicen que fútbol sí, pero ballet no? Estimada lectora: ¿cuándo fue la primera vez que te dijeron que no te pusieses una falda tan alta porque las señoritas no se visten así? ¿Cuántas veces te han mirado raro por decir que prefieres un conjunto a un vestido? ¿Hace cuánto que te dicen que ballet sí, pero fútbol no? Las cuestiones de género han estado en nuestro discurso desde siempre, solo que nunca las hemos llamado por ese nombre. Ahora que nos atrevemos a hacerlo, se abrió la Caja de Pandora.

Hace días que leo suspicaces comentarios en redes sociales que dejan mucho que desear, que comparan un acto de odio con una dolencia médica, que afirman que no hay homofobia, sino solo homofóbicos, que en son de igualdad, no debe haber leyes que protejan a minorías. El inconveniente mayor de todo razonamiento sofista está en que, como toda mentira, la falacia tiene patas muy cortas. El problema es que muchos ignoran que sus reflexiones se basan en prototipos de género que no tienen nada de inmutables. En el Perú, existe un prototipo de masculinidad asociado a una serie de características y de comportamientos adoptados con el fin de satisfacer a ese prototipo : el color azul, el fútbol, la chela, los carros, la afición por las tetas grandes, el bullying, un fuerte apretón de manos, eructar, las lisuras. Quien domine esas leyes de la masculinidad es el macho alfa. Por el contrario, el prototipo de feminidad responde a otra serie de comportamientos y de características : el color rosado, el baile, el esmalte de uñas, los vestidos, el pelo largo, el pudor, las Barbies, la afición por los bebés, la cocina, cruzar las piernas. Quien siga la receta al pie de la letra es la chica del cuento de fantasías. 

Sí existe una ideología de género: aquella que obliga a un hombre a ser masculino y a una mujer a ser femenina, aquella que obliga a un hombre a ver tetas y a una mujer a que se las deje ver. Y hay que combatirla, sí. Yo le digo no a esa ideología de género porque si un hombre quiere llorar y expresar sus sentimientos, tiene derecho a hacerlo sin que eso lo haga menos hombre. Yo le digo no a esa ideología de género porque si una mujer quiere agarrarse a cinco personas –hombres o mujeres– en la misma noche, tiene derecho a hacerlo –con consentimiento– sin que eso la haga una puta. 

A ver si nos terminamos de enterar: esos prototipos de género hacen parte de una construcción social impuesta por normas que responden a una concepción heteropatriarcal de la sociedad. De lo contrario, te reto, estimado lector, estimada lectora, a que me demuestres que usando tacos, una mujer es más mujer; o que a golpe de puñetazos, un hombre es más hombre. Por ejemplo, en Escocia, muchos hombres usan falda y en Edimburgo nadie los considera afeminados. En Francia, los hombres van a la ópera y en París eso no los hace menos hombres. En Reino Unido, cada vez menos mujeres sueñan con casarse de blanco y en Londres nadie las llama machonas. En Noruega, las mujeres saludan dando la mano y en Oslo eso no las hace menos mujeres. 

Ahora vamos en el otro sentido. A ti, macho alfa peruano, que aunque no lo quieras admitir solo sabes hablar con diminutivos, en España más de uno pensaría que eres afeminado. A ti, Rapunzel de la Parada, que te encanta salir a correr para estar delgada, en Arabia Saudita serías poco más que una marimacha (y correrías el riesgo de que te encarcelen). 

Cada día, estoy más y más harto de ver que en pleno siglo XXI, todavía hay gente que dice que el respeto de minorías es una «importación de otras sociedades» o una «imposición de cambios culturales». ¿Se dan cuenta de que con ese razonamiento el racismo, antisemitismo, machismo, homofobia y demás odios pasan por la puerta grande? ¿Se dan cuenta de que por razonamientos así hay miles de personas que mueren asesinadas mientras sus asesinos quedan impunes y hasta son aplaudidos? Lo que se tiene que hacer es poner al humano al centro de la reflexión, no un pene o una vagina. Lo que se tiene que saber es que, como dijo Gustave Flaubert, «la humanidad es como es; no se trata de cambiarla, sino de conocerla». Yo abrazo a la humanidad. ¿Y tú?


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