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La realidad y la ciencia ficción están cada vez más cerca.

La NASA lo ha confirmado: todos vivimos en una burbuja. En realidad, vivimos en tres, solo que una es artificial y se ha generado accidentalmente por la interacción de la tecnología y la naturaleza. Esta burbuja, lejos de ser dañina, protege a la Tierra junto a los dos Cinturones de van Allen  de las llamaradas solares o las descargas ardientes de plasma. Estos fenómenos pueden interrumpir la señal de radio de alta frecuencia e incluso podrían cortar el suministro de las redes de electricidad. 

En un estudio publicado en Space Science Reviews, que utiliza los datos recopilados por las sondas de la NASA enviadas a estudiar los Cinturones de Allen en el 2012, los autores han mostrado que parte de las partículas procedentes del Sol están siendo detenidas por una suerte de barrera de baja frecuencia. El origen de esta burbuja protectora estarían en las ondas VLF que utilizan las estaciones en tierra para comunicarse con los submarinos. Dada la alta capacidad de penetración que tienen estas ondas, llegan más allá de la atmósfera generando la nueva barrera protectora de nuestro planeta. 

“Un buen número de experimentos y observaciones han puesto de manifiesto que, bajo las condiciones adecuadas, las comunicaciones de radio de baja frecuencia (VLF) pueden afectar claramente a las propiedades del entorno de alta radiación alrededor de la Tierra”, indica el director asistente del Observatorio Haystack del MIT, Phil Erickson.