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"Hagamos despejar la desconfianza que la población siente de sus gobernantes y políticos por las sucesivas frustraciones que suele padecer en nuestro medio".

Las revelaciones confirmatorias sobre la mega corrupción que empiezan a provenir del caso Lavajato y que remecen todo el cotarro político de nuestro país no puede hacernos perder la esperanza en un futuro mejor donde se palpe la renovación y regeneración de la política.

Tampoco podemos aceptar que nuestro país se estanque en medio del miasma de la descomposición que brotó en su camino hacia la búsqueda del progreso.

En los últimos veinte años, nuestro país ha avanzado lo suficiente para darnos cuenta de las bondades del crecimiento que conduce al desarrollo. Las fortalezas adquiridas en este período de reformas y políticas responsables nos dan razones para afirmar que podemos avanzar. Sin embargo, esta experiencia de crecimiento también nos muestra la necesidad de contar con políticos y gobernantes capaces, con entereza moral y con verdadera vocación de servicio al país para no poner en riesgo lo avanzado.

Hoy, los peruanos desconfían más de los políticos y de los partidos políticos y no aceptan verse comprometidos en la sombra que envuelve a aquellos. Sin embargo, no hay razones para descartar la venida de nuevos tiempos donde la política sea el medio idóneo y enaltecedor para servir al país.

Lo mucho que hay por hacer nos obliga a dejar de lado todo aquello que nos reste energías o entrampe el camino. Además de la lucha contra la corrupción que nos abruma, tenemos la agenda recargada de reconstrucción, la recuperación del crecimiento y la inseguridad, además del fortalecimiento de la institucionalidad.

Hagamos despejar la desconfianza que la población siente de sus gobernantes y políticos por las sucesivas frustraciones que suele padecer en nuestro medio. Por ello, mirando hacia adelante, el reto que tenemos es enorme y abrumador para todos, gobierno y oposición.

La necesaria renovación de la política pasa por una profunda reforma integral del sistema de partidos y de representación política a fin de garantizar la presencia de representantes genuinos de la sociedad, líderes hacedores que anteponen los intereses del país sobre cualquier interés personal o de grupo. 

Este es uno de los grandes cambios que necesita el país para poder librarse de aventureros irresponsables que recalan en la política.

El Perú no se merece menos que un profundo cambio regenerador que habrá de darse por la fuerza de los hechos, mientras seguimos avanzando.