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El camino para solucionar la crisis que vive Venezuela no es una nueva constitución, sino la liberación de los presos políticos y la convocatoria de elecciones.

Podría ser la estocada final a lo poco que queda de la democracia venezolana. Nicolás Maduro, el dictador que desde hace cuatro años se ha apoderado del gobierno, anunció ayer que convocará a una Asamblea Constituyente para redactar una nueva constitución. De lograr su objetivo, se trataría de la segunda constitución chavista ya que, cuando Hugo Chávez llegó al poder, aprobó la constitución que hasta el día de hoy rige Venezuela.  

Inmediatamente tras el anuncio de Maduro, el líder de la oposición venezolana, Henrique Capriles, llamó a volver a las calles y a "desobedecer semejante locura". Y es que, el objetivo del chavismo es claro: establecer una nueva Constitución que reduzca aún más los poderes de la oposición y de la Asamblea Nacional que ha sido democráticamente electa. No es por gusto que a la vez que anunciaba esta medida radical, Nicolás Maduro hablaba de "transformar esa Asamblea Nacional podrida".

Para lograr su cometido, el chavismo pretende que sean personas serviles al gobierno quienes se encarguen de redactar el nuevo texto constitucional. Maduro ya anunció que no serán los partidos tradicionales quienes formen parte de la Asamblea Constituyente, sino "la clase obrera", las misiones chavistas y "los movimientos sociales". La estrategia del chavismo es aprovechar su red clientelista para centralizar el poder en el Ejecutivo a través de una nueva constitución. De otro modo, no se entiende por qué deseen cambiar con tanto apremio una carta magna (la actual) que el propio Hugo Chávez impulsó.

El anuncio de Maduro, a parte de absolutamente antidemocrático, solo servirá para incrementar la violencia que hoy sufren los venezolanos. Porque, no nos engañemos, la oposición de ninguna manera va a permitir este golpe de estado que se pretende ejercer contra el Parlamento venezolano. Al chavismo lo que le interesa no es superar la crisis humanitaria o dialogar con la oposición, sino aferrarse a toda costa al poder. Y, si para eso tienen que convocar a un proceso constituyente en el que no se escuchen las voces democráticas, lo van a hacer. Este podría ser el punto de inflexión en la cubanización que desde hace años sufre Venezuela.

A estas alturas, es claro que el proyecto chavista no puede continuar si no es acosta de la miseria y la vida de cientos de venezolanos. Al cierre de esta edición, son alrededor de 30 las personas muertas en las manifestaciones. La tan nefasta "revolución bolivariana" es hoy un proyecto que debe ser abandonado con urgencia para salvar a los 30 millones de venezolanos. El camino para solucionar la crisis que vive Venezuela no es una nueva constitución, sino la liberación de los presos políticos y la convocatoria de elecciones. A toda costa, Latinoamérica y los demócratas venezolanos debemos evitar la imposición de una dictadura recrudecida que está pretendiendo pasar maquillada como una nueva constitución.