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"Es inconcebible que en situaciones como esta, muchas veces primen nuestras diferencias."

Cuando el 13 de noviembre de 2015 oí tres bombazos en el Estadio de Francia, tuve miedo. Cuando regresé a mi casa y me enteré de todo lo que estaba pasando en París, entre tiroteos, tomas de rehenes y explosiones, tuve rabia y me sentí impotente. Pero cuando supe que espontáneamente los parisinos empezaron a organizarse para ayudar a los suyos, retomé confianza. Los taxistas empezaron a transportar a pasajeros sin cobrarles y los ciudadanos abrieron las puertas de sus casas a desconocidos para darles cobijo durante la lóbrega frialdad del otoño. Esa noche, en medio de tanta oscuridad, se asomó un haz de esperanza.

Traigo esto a colación por la verdadera tragedia que vive el Perú con los diluvios que lo azotan. Hay familias que lo han perdido todo y hay pueblos que se han quedado aislados. Hay mujeres que no tienen con qué alimentar a sus hijos, y niños que no tienen con qué alejar la mente de una situación que no se merecen bajo ninguna circunstancia. Por eso, rindo homenaje y expreso mi reconocimiento infinito a los héroes que están haciendo hasta lo imposible por mejorar esta calamitosa situación. Agradezco a los bomberos, a los policías, a los militares y al personal de salud. Agradezco a un gobierno que me hace sentir después de muchísimos años que sí hay Estado y que este tiene capacidad de respuesta. Un verdadero líder organiza y optimiza las acciones. Y finalmente, agradezco a todos los ciudadanos anónimos que desinteresadamente, sin cámaras ni figuretismo en redes sociales, salen de sus casas y se ofrecen en cuerpo y alma para ayudar a los suyos. Esos son los peruanos en los que creo. Ese es el Perú en el que creo.

Lo que no puedo –o no quiero– creer es que haya gente que le hunda la cara en la tierra a aquellos que ya están en el suelo. Es inconcebible que en situaciones como esta, muchas veces primen nuestras diferencias, ya sean políticas, religiosas, sexuales, socioeconómicas, culturales. No me importa que sean caviares. No me importa que sean fujimoristas. No me importa que voten por Castañeda. No me importa que estén a favor o en contra del currículo nacional. No me importa que sean liberales. No me importa que sean socialistas. No me importa que sean blancos. No me importa que sean negros. Ni siquiera me importa si son peruanos o no. Me importa porque son seres humanos que necesitan desesperadamente que alguien les dé esperanza.

Yo no soy religioso, pero me permito citar a San Francisco de Asís en estos difíciles momentos para todos los peruanos: «donde haya discordia, pongamos armonía […], donde haya desesperanza, pongamos esperanza, donde haya tinieblas, pongamos la luz, donde haya tristeza, pongamos alegría». ¡Vamos Perú, que sí se puede! ¡Necesitamos buena onda, compasión, unidad y solidaridad! ¡Necesitamos víveres y agua, pero también abrazos, sonrisas y juguetes! ¡Somos un solo pueblo, somos una sola fuerza! ¡Vamos a lograrlo! ¡Vamos a superarlo todos juntos, carajo!