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"Si Kuczynski no logra ejercer un liderazgo fuerte (acompañado siempre de una eficiente campaña comunicativa que acerca al vetusto mandatario al ciudadano de a pie), las posibilidades de un aumento en la aprobación se acercan peligrosamente a cero".

La llegada al Perú de un inesperado fenómeno de El Niño costero ha revelado las carencias de diversos municipios y gobiernos regionales en términos tanto de prevención como de contención. Presupuestos no utilizados, acusaciones entre políticos y debates inútiles sobre si los Juegos Panamericanos 2019 se deberían o no realizar en Lima son el saldo triste de una polémica de no acabar y una división estéril. A los primeros días de emociones sulfuradas, sin embargo, les han sucedido momentos de reflexión que auguran buenos tiempos y una inusitada pero necesaria unidad frente a la (en este caso literal) tormenta.

La segunda vicepresidenta Araoz lo ha formulado ayer de manera sucinta durante la reunión de diferentes bancadas y estamentos gubernamentales en el Centro de Operaciones de Emergencia Nacional: “es el momento de la unidad. Acá nos ven a las Fuerzas Armadas en conjunto, al Ejecutivo y al Congreso unidos para sacar adelante el país”. Del otro lado, la presidenta del Congreso, la fujimorista Luz Salgado, también ha dado muestras de unión al transmitir desde el COEN el reporte de daños junto a voceros de diferentes bancadas parlamentarias.

Pero si la temporada de El Niño costero ha traído desgracias para buena parte de la población peruana, también ha abierto una nueva ventana de oportunidad para el mandatario Kuczynski. El contexto no puede ser más urgente: golpeada por el escándalo de Odebrecht y los ataques por Kuntur Wasi y Chinchero, el rumbo de la popularidad del llamado “presidente de lujo” ha sido un camino empinado y cuesta abajo. De acuerdo a la última encuesta publicada por Datum a comienzos de mes, PPK ya aparece con 35% de aprobación, en contraposición a los 65 puntos de aprobación con los que inició su gestión. Si Kuczynski no logra ejercer un liderazgo fuerte (acompañado siempre de una eficiente campaña comunicativa que acerca al vetusto mandatario al ciudadano de a pie), las posibilidades de un aumento en la aprobación se acercan peligrosamente a cero.

Si el debate sobre los Juegos Panamericanos significó un parteaguas en el ambiente político peruano –el oficialismo pugnando por un evento deportivo que implica un gasto millonario versus una fuerza de oposición multibancada que apelaba a argumentos patéticos (en el sentido etimológico del término) para sostener su cancelación-, lo que venga después de ello solamente podrá significar la unión después de la tormenta. Ello será signo inequívoco de una clase política madura: una que de verdad se preocupe por gobernar a mediano y corto plazo, y que no se queda en hashtags sino que adopta posiciones claras en su práctica. Y significará, además, una oportunidad de oro para que el presidente Kuczynski asiente su liderazgo político frente a la gobernabilidad futura del país.