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"El Perú debe seguir la línea diplomática que desde que PPK es el presidente se ha trazado: la condena de cualquier acción de gobierno ajena a los valores democráticos que la carta fundacional de la OEA consagra."

El martes que acaba de pasar el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, ha presentado un informe que sugiere la suspensión de Venezuela frente a esta organización internacional. En este documento, Almagro pone en evidencia la calamitosa situación que hoy enfrenta el que hace solo unas décadas fuera uno de los países más ricos del mundo: hambre, escasez, dictadura y crisis sanitaria son algunos de los males que hoy empiezan a llegar a un punto de quiebre en Venezuela. La pregunta es: ¿qué rol debe jugar la comunidad internacional?

En este diario consideramos que el informe de Almagro sobre Venezuela es un paso hacia la dirección correcta. Por más que cada vez que alguna autoridad internacional o algún mandatario de otro país se ha pronunciado sobre los temas que el Secretario General toca en su informe la respuesta del dictador Nicolás Maduro no ha sido más que una recatafila de bravuconadas, la institucionalización de este reclamo a través de la OEA es la forma idónea de empezar a cerrar las puertas que ciertos valores democráticos resguardan.

Es que a estas alturas ya es imposible decir que Venezuela no es una dictadura. Quienes hasta hace poco sostenían que el país del Socialismo del Siglo XXI era un “autoritarismo competitivo” hoy han quedado desnudados de sus eufemismos por una realidad innegable. Venezuela ha empezado a recorrer la última curva del camino de los socialismos fallidos que durante el siglo XX se ensayaron alrededor del mundo. Nicolás Maduro ha decidido expropiar las panaderías, porque indica que los panaderos están saboteando la revolución.

Las colas para comprar pan son, desde la óptica de los sátrapas que hoy gobiernan Caracas, fruto exclusivo de un complot en contra del sistema. La posibilidad de que el propio sistema sea un complot en contra del pueblo no aparece ni lejos ni cerca. Este es el mismo sistema que ha encerrado a cientos de presos políticos sin derecho a la defensa. Es el mismo sistema que viene “postergando” las elecciones desde hace meses. Es el mismo sistema que ha generado que Venezuela empiece a perfilarse como un Estado fallido.

Así, en Altavoz consideramos que el Perú debe seguir la línea diplomática que desde que PPK es el presidente se ha trazado: la condena de cualquier acción de gobierno ajena a los valores democráticos que la carta fundacional de la OEA consagra. El Perú no debería poder encontrar argumentos para no apoyar el puntilloso informe que Almagro ha presentado. La presencia del cáncer de la dictadura en la región debe ser erradicado a través de los propios métodos que para ese fin fueron estructurados. Esta es la hora de Venezuela.