"Aquí viene el mensaje que quiero expresar: el futbolista necesita de un área especializada dentro del club que cuide las conductas de riesgo. Es decir, la fama, las mujeres, los hoteles cinco estrellas, etc."

La aparición de Kevin Quevedo en Alianza Lima nos devuelve a la realidad: nuestro fútbol sufre de eyaculación precoz. Genera tan poca expectativa nuestro campeonato (se ve reflejado en las pobres asistencias a los estadios), que nos sorprendemos cuando un futbolista menor de veinte años destaca en noventa minutos. Es cierto, el delantero hizo un gran partido (no siempre se anotan cuatro goles en un mismo partido), pero aún es prematuro asegurar que estamos frente a una promesa de nuestro balompié, ni siquiera frente a un buen futbolista.

Quevedo es un jugador con talento. Es indudable. A los que destacan los vemos todos. Sin embargo, aún debe madurar: le falta desarrollo muscular y mentalidad más fuerte. Porque en la mente está el verdadero jugador de élite. Los ejemplos sobran: Cristiano, Messi, Iniesta, etc.

Kevin debe afrontar ahora la parte más difícil: cuando empiezas a destacar en Primera División. Existe mucho miedo. En muchos casos hemos visto los árboles torcerse. A esta altura, la tentación del entorno es difícil de manejar. Y aquí viene el mensaje que quiero expresar: el futbolista necesita de un área especializada dentro del club que cuide las conductas de riesgo. Es decir, la fama, las mujeres, los hoteles cinco estrellas, etc.

¿Tiene Alianza Lima un departamento de desarrollo humano?

Olvidémonos de Quevedo. Él es solo un ejemplo para tomar conciencia del mensaje. La ayuda debe ser para todos los futbolistas por igual. Más aún cuando son novatos. En un fútbol en el que la eterna lucha contra la falta de profesionalismo, es inaudito que las instituciones no piensen en tener un área especializada para educar a sus jugadores.

Lo que cada club del Perú debería tener es un área de desarrollo humano, compuesto por una trabajadora social, un psicólogo, un pedagogo y un nutricionista. ¿Para qué? Primero para conocer la calidad de vida de sus futbolistas (si tienen casa, en qué condiciones viven, si sus padres son separados, divorciados, etc.). La idea es que este departamento haga que el futbolista tome conciencia de la vida. Porque si un jugador es solidario en la vida, será solidario en la cancha.

Si se tuviera este tipo de áreas especializadas, acercaríamos al deportista a entender que la vida no es fácil, que existen muchas personas con enfermedades, que hay mucha gente necesitada en el país, entre otras cosas. De esta forma, el día que les toque vivir estos episodios, los afronten.

Todos coincidimos en que nuestros futbolistas son víctimas de la mala formación. Los hinchas, los periodistas, los dirigentes. Todos. De lo que no tomamos conciencia es qué hacemos para cambiar la situación. ¿Tienen los clubes departamentos de ayuda social? ¿Tienen los clubes áreas especializadas para fomentar la educación en sus futbolistas? ¿Tienen los clubes la intención de ayudar a sus deportistas a través de profesionales especializados o solo les importa el título?

Los clubes, pero sobre todos los dirigentes, deben entender que los consejos de la familia, de los jugadores más experimentados y de los entrenadores no son suficiente.

Los clubes deben comprometerse a formar personas. Entender que no se trata solo de un proyecto futbolístico, sino social. Hacerlo nos acercará a lo más importante: formar país.