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No existe un derecho a que te contraten, pero sí elegir a las personas que tu creas más convenientes para que manejen el dinero que has invertido

En este diario, hemos apoyado en diversas oportunidades la necesidad de reunir esfuerzos para combatir la desigualdad de género. Los estereotipos injustificados y la violencia de género son males que afectan la vida de miles de hombres y mujeres, y que deben ser rechazados con el mismo énfasis que el racismo. Por eso es que hemos apoyado tanto la implementación del nuevo currículo de educación como la posibilidad de que las personas trans puedan cambiar su DNI a una opción más acorde con su identidad.

Sin embargo, no podemos estar de acuerdo con todas las propuestas de quienes buscan reducir las diferencias de género. Y es que, si bien podemos tener los mismos objetivos, los métodos que se proponen pueden ser radicalmente distintos. Mientras que en Altavoz defendemos la igualdad social y ante la ley, algunos creen que se puede realizar la igualdad mediante la ley. Si nosotros creemos que la cooperación voluntaria y defendemos la libertad como valor primordial, otros creen en el poder coercitivo del Estado y en lograr objetivos nobles mediante la fuerza.

Razón de esto es que nos oponemos al proyecto de ley presentado por Carlos Bruce que pretende establecer una cuota para los directorios de las empresas que cotizan en bolsa. Si se aprobara la iniciativa del legisladore de Peruanos Por el Kambio, las empresas que cotizan en bolsa se verían obligadas a tener, al menos, un 30% de mujeres en su directorio. Según el legislador oficialista, esta política ayudará a las empresas que lo apliquen a tener mejores resultados económicos.

No hay duda de que discriminar a una mujer por solo hecho de serlo es algo reprobable, pero el Estado no tiene por qué velar por los resultados económicos de las empresas privadas. Si una compañía toma una decisión que la perjudicará en sus resultados económicos, es su problema. El dinero que está en juego es el de las mismas personas que toman esas decisiones. Y, de hecho, tomar decisiones sobre puestos de trabajo en base a prejuicios y no a la productividad del trabajador es una pésima idea. Gray Becker, Premio Nobel de Economía, mostró cómo un mercado competitivo es perjudicial para las empresas discriminadoras. Si en vez de escoger a los mejores trabajadores escoges a partir de categorías raciales o de género, tu competencia probablemente sí contratará a los mejores y superará a tu empresa. ¿Tenemos por qué preocuparnos porque les vaya bien a las empresas machistas? No, en lo absoluto.

Más allá de ello, las empresas son propiedad únicamente de sus accionistas. Si un grupo de personas quiere tener una empresa machista, está en su derecho de hacerlo. Probablemente no le irá bien en términos financieros respecto a sus competidores y los consumidores tenemos el derecho a boicotear las empresas que no nos agraden, pero debemos respetar sus derechos. No existe un derecho a que te contraten, pero sí elegir a las personas que tu creas más convenientes para que manejen el dinero que has invertido.

Si queremos combatir la desigualdad de género, debemos hacerlo mediante reformas educativas o creando las condiciones sociales necesarias para que deje de ser "normal" que un hombre le pegue a una mujer. Hay mucho por hacer en el Perú en materia de seguridad y justicia. Sin embargo, si bien la igualdad social es un objetivo loable, no todos los métodos para alcanzarla lo son. Recortar la libertad –incluso a la de personas que tienen proyectos de vida que nosotros no aprobamos- no es el camino correcto; es una forma de violencia injustificada.