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Con acciones como esta, el feminismo termina elitizandose, convirtiéndose en descifrable solo para un pequeño grupo ilustrado y, a la postre, creándose resistencias entre hombres y mujeres. Entre las propias víctimas del patriarcado.

Cada cierto tiempo, alguien lanza la pregunta: ¿por qué no hay más mujeres feministas? Y no es una pregunta trivial, sino una que debería importar a todos los que estamos preocupados por brindar mayores libertades a mujeres, homosexuales y personas trans. Podríamos responder que como muchas mujeres se han criado en una sociedad machista, entonces no tendrían que estar a favor del feminismo, pero esto sería huir del problema.  No tengo números para el Perú, pero desde hace varios años las encuestas en EEUU son claras: a pesar de que muchas mujeres están en favor de la igualdad social, económica y jurídica entre hombres y mujeres, se resisten a llamarse feministas. Más aún, varias consideran que el término es un insulto. 

La respuesta a esta pregunta creo que en parte tiene que ver con acciones como la que hemos visto en la marcha de mujeres (Buenos Aires). Socorro Rosa Tucumán, parte de una colectiva feminista, representó una escena que ha puesto a la defensiva a la comunidad católica: una virgen María abortando al niño Jesús. Yo no soy católico ni me incomoda que insulten a María (de hecho comparto el fin de la representación), pero dudo que este tipo de manifestaciones sean lo mejor si queremos construir un gran movimiento feminista. Dudo también que esto ayude a terminar con la mala fama que se ha hecho el feminismo entre personas que –como varios hombres y mujeres que conozco- podrían perfectamente ser nuestros aliados.

Si algo tenemos que recordar es que el feminismo busca hacer efectivos cambios en la sociedad. No es solo una moda teórica, sino que está inexorablemente ligado a una praxis que busca mejorar la vida de hombres y mujeres centrándose principalmente en las experiencias de lxs afectadxs por el machismo. La vida de todos, incluso de las mujeres católicas que han interiorizado el machismo y que hoy se han sentido ofendidas. Su fin militante no es tan solo ofender, alejar a quienes no están de acuerdo (y podrían), ni tampoco “agudizar las contradicciones”.

En un viejo, pero fantástico ensayo, Martha Nussbaum criticó a las feministas a la Butler por la manera en la que hacían feminismo. En vez de centrarse en ganar batallas legales o económicas que realmente afecten y cambien la vida de las mujeres trabajadoras, las víctimas de violación o las que pasan hambre, se concentran en actividades simbólicas "subversivas" como si estas fueran un fin en sí mismo, pero que en la práctica no producen cambios materiales importantes, ni desestabilizan el sistema.

Y el problema es que salvo una pequeña élite, nadie entiende qué quieren lograr con representaciones como la que hemos visto en Buenos Aires. En una discusión sobre la foto de la virgen, una feminista limeña decía que había que preguntarles a las activistas qué mensaje querían enviar, pero ese es justamente el problema. Con acciones como esta, el feminismo termina elitizandose, convirtiéndose en descifrable solo para un pequeño grupo ilustrado y, a la postre, creándose resistencias entre hombres y mujeres. Entre las propias víctimas del patriarcado.

Con esto no quiero decir que toda representación simbólica sea negativa o que una manifestación deba evitar dañar cualquier sensibilidad por más cucufata que sea. Pero creo que es importante que tomemos en cuenta que el feminismo, hoy por hoy, ya se ha hecho una injusta mala fama por acciones que en el fondo pueden tener un mensaje positivo, pero que en sus formas alejan a un amplio número de personas que también están interesadas en la justicia y la igualdad. Y eso, para un movimiento que busca cambios importantes en la vida de las personas, es un problema. Uno sobre el que sería bueno conversar. El feminismo debería ser un movimiento que busque incluir a todas las mujeres oprimidas del mundo, uno que no espante a una niña católica que ha sido víctima de violación y que ha encontrado en su fe las fuerzas para seguir adelante. ¿Acaso el feminismo no es también para ellas?