Si lo paterno y materno son funciones no ligadas al género necesariamente, ¿por qué resulta que las madres son las que en la gran mayoría de los casos terminan criando a los hijos y no los padres? Cabría preguntarse si para ser madre hay que ser mujer y por el contrario, si para ser padre se debe ser hombre.

Asociar el amor, la ternura y la sensibilidad a lo femenino resulta tan absurdo como asociar a los judíos con la tacañería, a los negros con una raza inferior, a las mujeres con el sexo débil y a los gays con ser divertidos.

Ahora bien, según nos enseñan, todos somos de alguna manera bisexuales y por lo tanto estamos constituidos por aspectos masculinos y femeninos. Pero, de ser así, lo cual no tengo elementos como para ponerlo en duda, ¿qué sentido tiene hablar de sensibilidad femenina siendo hombre o, por el contrario, referirse a una sensibilidad masculina siendo mujer?

Por empezar, no existe la sensibilidad de manera abstracta, todos somos más o menos sensibles respecto de algo, pero jamás de forma universal. Mientras que nadie puede ser perceptivo a todo.

No me deja de sorprender la sorpresa que causa una boxeadora que se maquille, un poeta que se comporte de forma ruda, o un militar aguerrido que se enamore de otro hombre. Aunque debo confesar, mientras escribo estas líneas, que a pesar de mi observación no soy muy sensible a estos temas. Me preocupan poco. Después de todo, cada uno vive y ordena el mundo arbitrariamente como puede o le da la gana, aún si la realidad supera o defrauda las propias certezas. Lo que de verdad me cuesta asimilar es que todos pareciéramos estar de acuerdo en que los padres son hombres y las madres son mujeres. Eso sí que no lo entiendo.

Basta con separarse de la madre de nuestros hijos en muy en malos términos, como suele suceder en la mayoría de los casos, para descubrir que, efectivamente, los padres son varones, y las madres son mujeres. Pero insisto, ¿es así?

Al ocuparme, al igual que algunos otros hombres, a comprar pañales, llevar a mi hijo a la colonia, al jardín de infantes o a la plaza, he comprobado, una y otra vez, que la mayoría de los adultos que allí acuden con sus hijos son mayoritariamente mujeres, por no decir todas.

Por el contrario, en un acto de auto complacencia y rencor, (justificado o no) las mujeres separadas con hijos, suelen autoproclamarse madres y padres de sus hijos ya que, estando los padres ausentes, al menos según ellas, cumplen poco o nada sus respectivas funciones paternas.

Los psicoanalistas asocian (a medio camino, según he podido comprobar) la paternidad y la maternidad con el género. Ellos proponen los conceptos de función paterna y materna. Siendo la función materna sinónimo de cuidado y protección, y la función paterna la encargada de imponer la Ley y la posibilidad de socialización del hijo.

La función materna es como tal la de: proteger, alimentar, cuidar, suplir las necesidades y brindar afecto al hijo, como un ser humano que nace en una posición de indefensión, la cual depende de un otro para sobrevivir, ese otro tiene como papel, la función materna.

Se le da el nombre de función paterna a una función que limita al deseo de la madre escindiendo la unidad que inicialmente forman la madre y el infante, escisión positiva que logra la función paterna al transmitir la ley desde Otro. La función paterna es efectuada por un tercero. El padre, lo sepa o no, provoca un clivaje (desambiguación) y sirve de modelo identificatorio o de comparación. 

Si lo paterno y materno son funciones no ligadas al género necesariamente, ¿por qué resulta que las madres son las que en la gran mayoría de los casos terminan criando a los hijos y no los padres? Cabría preguntarse si para ser madre hay que ser mujer y por el contrario, si para ser padre se debe ser hombre. 

De la misma manera que los hombres no somos iguales a las mujeres, tampoco un hombre es igual a otro, ni una mujer lo es respecto de otra mujer. Más bien, cada uno ocupa la palabra padre o madre como pueda, sepa y quiera.  

La leyes como las costumbres reflejan este equívoco de confundir género con función generando así que gran cantidad de hijos se encuentren alejados de sus padres. Pero el problema no se encuentra sólo en los casos más graves, sino también en los que no lo son. Es decir, en las parejas bien constituidas. ¿Cuántos padres y madres se ven privados de todos su potencial parental por asumir roles estancos como limitados? 

No me refiero a que un padre se proponga darle de mamar a un hijo, pero fuera de la lactancia (a excepción del biberón) todos podemos asumir distintas funciones y divertirnos en el intento. 

Me parece importante aclarar que ni siquiera hablo de un cambio de época, aunque los tiempos sean otros que los de nuestros padres y abuelos en cuanto a los roles. Me refiero a que cualquiera que se pregunte profundamente acerca de qué es un padre y qué es una madre, no encontrará una respuesta unívoca. Aunque luego nos comportemos como si la hubiere. Aún cuando fuera evidente que cada uno de nuestros respectivos padres asumieran su rol de manera diferente a otros padres.  

El día que nos animemos a cuestionar ciertos mitos y palabras habremos encontrado una salida a innumerables injusticias. Y de paso también habremos vivido deseos que ni siquiera sospechábamos posibles en cada de uno de nosotros.