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"También sé lo que es ser tildada de puta porque querías bailar, ser tildada de puta porque te demoraste cuando hacías las compras, ser tildada de puta porque querías innovar en el sexo."


Reescribí esta columna tres veces porque no me sentía cómoda. Me costó entender qué quería transmitir. Finalmente me di cuenta de que a quienes quería hablarles era a ustedes, mujeres que defienden #ConMisHijosNoTeMetas. Ustedes que jamás leerían mis columnas, que posiblemente no frecuentemos los mismos sitios ni la misma gente y ciertamente, no me escogerían como amiga.

Sin embargo, las conozco. A muchas de ustedes, no a todas, pero sí a algunas. Y quisiera hablarles a esas que conozco, porque hay un espacio común que compartimos, pero sobre todo, porque fui criada entre mujeres como ustedes y me prometí en la adolescencia que trabajaría por liberarlas. Hoy, ya adulta, no pretendo cambiar a nadie, sería una falta de respeto. Solamente quiero que sepan que no están solas.

Sé bien lo que es crecer en un ambiente machista, ultraconservador y dominado por varones. He escuchado miles de horas de gritos, insultos, órdenes, castigos y he visto lo que le hace a una mujer joven y enamorada la descalificación permanente de su padre y su marido.

Sé de las largas listas de deberes hogareños y morales que les venden desde que son apenas unas niñas. De ser reprendida por tener las piernas cruzadas en Misa porque pueden seducir al cura, de ser tildadas de machonas por querer correr y trepar, de ser llevadas a actividades “femeninas” como ballet, gimnasia artística, cerámica, cuando ustedes querían la libertad de vagar por las calles que tenían sus hermanos varones.

Sé de las interminables horas de espera, mirando tras el vidrio que regrese tu marido. También sé lo que es ser tildada de puta porque querías bailar, ser tildada de puta porque te demoraste cuando hacías las compras, ser tildada de puta porque querías innovar en el sexo.

He visto a esposas que van a misa dos veces por semana y rezan el rosario todas las noches y son violadas por sus maridos, porque no importa que no tengan ganas de tener sexo esa noche o de tener sexo de ese modo, es su deber, les toca o bien no quieren tener problemas. 

He hablado con muchas de ustedes, mujeres aparentemente muy fuertes dominadas por sus hijos, ya adultos, que no quieren que vuelvan a tener pareja, que se burlan de ustedes cuando mencionan la idea de rehacer su vida. Que pretenden que se alineen condenando a la que dejó a su esposo, que son miradas con enojo si se quieren salir de la agenda de la abuela- guardería. ¡Ya son abuelas, no son mujeres!

Sus hijos no saben del primer hombre que las besó, de aquel que estaba casado, de lo aburrido que era el finado. Ellos no saben del dolor que les causa haber dejado ir la juventud sin disfrutar de un poco de locura. Esas cosas me las contaron a mí, quizás porque sabían que no iba a juzgarlas, pero sobre todo porque me tomé un día el trabajo de escucharlas. 

Ellos tampoco saben que se hicieron un aborto; que mil veces pensaron en dejar a su marido. No saben de la violencia del silencio. No saben que se refugian en la Iglesia, que el único que las escucha es el cura. 

No saben que tienen depresión. Que hay días de lucidez en los que sienten vergüenza de haber dejado ir los años sin ser lo que soñaban. Que fantasean con otros amantes. Que envidian a esas mujeres que públicamente repudian. 

Un hombre conservador es un hombre que se cree superior, que tiene la última palabra, el jefe de familia, que mira a todos desde arriba. Seamos claros, quien “conserva” es el que cree que tiene algo que perder. Que se muere de miedo de lo ancestral femenino. Un hombre así puede tener buenas maneras o malas maneras, ser mejor o peor persona, pero no sabe cómo hacer feliz a una mujer. 

Porque aun la mujer más tímida es una mujer salvaje. Así es la naturaleza femenina. Salvaje. Y cuando es reprimida llegan la enfermedad y la sequía interior.

No transmitas a tus hijas el dolor que heredaste. No ates cadenas a sus tobillos. No justifiques la soledad reafirmando el poder del machismo. No uses tu rabia para dañar. 

Existe otro lugar interior desde donde vivir y ser libre. Alguna vez lo intuiste, lo vi en tus ojos. Animate a desobedecer, a explorar que siente tu corazón. No estás sola.

Verás que el corazón solo puede guardar amor y libertad. Y son tu derecho de nacimiento.