Elige que categorias deseas ver
"Cuan­do era pe­que­ña me gus­ta­ba en­trar por las no­ches al cuar­to de mi abue­la. To­dos los días, la tía Chi­chi –co­mo yo la co­no­cía– lle­ga­ba des­pués del tra­ba­jo, le da­ba un be­so y se echa­ba a su la­do a ver la te­le. Se to­ma­ban de las ma­nos, con­ver­sa­ban so­bre sus días y, de ra­to en ra­to, se da­ban un ca­ri­ño. Co­mo cual­quier pa­re­ja. Yo en­tra­ba a acom­pa­ñar­las, ju­ga­ba en el pi­so, me subía a la ca­ma a de­cir­les cuán­to las que­ría y lue­go par­tía a dor­mir tem­pra­ni­to pa­ra ir al ni­do al día si­guien­te."

Cuando era pequeña me gustaba entrar por las noches al cuarto de mi abuela. Todos los días, la tía Chichi –como yo la conocía– llegaba después del trabajo, le daba un beso y se echaba a su lado a ver la tele. Se tomaban de las manos, conversaban sobre sus días y, de rato en rato, se daban un cariño. Como cualquier pareja. Yo entraba a acompañarlas, jugaba en el piso, me subía a la cama a decirles cuánto las quería y luego partía a dormir tempranito para ir al nido al día siguiente.

Siempre supe que había algo especial en ella, en mi Mamalucha. Cabello rojizo, ojos como esmeraldas, aretes y anillos. Mi abuela era libre y distinta. Mi abuela era lesbiana. Usaba casacas de cuero, decía exactamente lo que pensaba y tomaba sol en tetas en la azotea de la casa. Me amaba. Recuerdo que me llevaba a comer al Tip Top; a la clínica ante cualquier rasguño y, cuando nos echábamos en su cama, se ponía a cantarme canciones raras y divertidas. Me contaba sobre sus viajes con sus amigas a Nueva York, a Argentina, a la selva del Perú y, cuando ya estaba en la universidad, sobre sus ex parejas: mi madrina de nacimiento, la tía Cucha; Denisse... todas mujeres fuertes y seguras de sí mismas.

Ayer mi abuela me habló sobre Philip Butters. Sobre la gente que marcha porque se les hace imposible respetar lo que no entiende. Gente manipulada por religiones tóxicas y violentas. Me dijo que no entiende cómo hay personas que pueden odiar tanto y luego hablamos de mis picaduras de zancudo. Saben, mi abuela es lesbiana y la perversión sexual y la aberración de la que hablan muchas personas no las he visto por aquí.

Mi mamá me contó una vez que cuando mi papá era pequeño los niños de la cuadra lo molestaban; le decían que su mamá era una machona. Y mi papá era un niño solitario. Todavía lo es. Yo no quiero esa violencia para nadie. ¿Por qué es tan difícil entender que el amor es diverso? ¿Cuánta rabia debe uno albergar para creer que la orientación sexual es excusa para destilar odio? ¿Por qué hay un montón de personas que promueven orgullosas la violencia hacia personas que amo? ¿Por qué no quieren que todos tengamos los mismos derechos?

Mañana miles de mujeres en todo el mundo saldremos a las calles para gritar que no queremos ni una mujer más muerta, violada y acosada. Saldremos a las calles para defender a todas las mujeres. A todas. Las lesbianas también son mujeres y merecen tener los mismos derechos. A ellas también las violan, las tocan y las discriminan. A veces incluso más que a nosotras.