¡Vivan las marchas conservadoras! - por Mijael Garrido Lecca

2017-03-07 11:19:20

Mijael
Garrido
Lecca
 

"Hoy los conservadores se ven en la necesidad de defender la forma como han venido funcionando las cosas. Porque la tierra está temblando. Porque la libertad es una fuerza que se cuela por cada grieta y libera el espíritu humano, tarde o temprano."


Un mar humano inundó la Plaza San Martín el fin de semana aunado bajo la defensa de ciertos valores conservadores especialmente referidos al currículo que el Ministerio de Educación impartirá a millones de niños. Varios de los voceros de esta nueva coalición conservadora han indicado que nunca antes la defensa de estos ideales había cobrado tanta relevancia. En esta misma línea, estos mismos voceros acusan a la prensa de no darle a su movimiento la cobertura que merece. Y creo que hay justicia detrás de este reclamo. 

Es que es justo que se sepa que un gran segmento de la población está defendiendo ciertas ideas. Eso sí: es igual de importante que este movimiento quede encajado dentro de un proceso histórico cuya interpretación es bastante más amplia que la que estos tiempos recogen. Me explico: la defensa de una idea exige necesariamente una premisa previa. Y es que para que un cuerpo de valores tenga que ser defendido ese cuerpo tiene necesariamente que estar bajo ataque. Si nadie ataca a una idea no es necesario que la defiendan. 

La pregunta, entonces, que debemos hacernos es: ¿estas ideas que los conservadores defienden son nuevas? Evidentemente, no. Lo que se busca es justamente conservar el status quo. Se busca que la sociedad siga manteniendo los valores católicos como las fronteras de lo tolerable. En realidad, lo que se está buscando es que las cosas se mantengan como están. Y es curioso: no es esta la primera vez en la historia en que las voces reaccionarias han alcanzado su pico cuando el progreso empuja hasta el umbral mismo del cambio.

Antes de que siete Estados del Sur de los Estados Unidos declarasen la creación de una confederación y buscasen su independencia de la Unión, la defensa de la esclavitud alcanzó su clímax. La creación de argumentos académicos, políticos, económicos a favor de la que llamaron la “peculiar institución” se multiplicó geométricamente. La defensa, incluso, se prestó de argumentos creados por pastores adventistas y metodistas en las iglesias protestantes. Cuando más alto sonó la defensa del esclavitud, fue justo antes de la libertad.

Pasó lo mismo con el matrimonio interracial, con el voto de la mujer, con el voto de los iletrados, con el divorcio -que no siempre fue posible-, con la despenalización del aborto y con la legalización de las drogas; en fin. Hoy, los conservadores se ven en la necesidad de defender la forma como han venido funcionando las cosas. Porque la tierra está temblando. Porque la libertad es una fuerza que se cuela por cada grieta y libera el espíritu humano, tarde o temprano. Y es a eso a lo que quienes marchan le temen. Le temen al futuro. Al mañana.

Así, yo no soy pesimista al ver las nutridas marchas que han empezado a recorrer el país. Son un síntoma irrefutable del cambio que viene. Son los aullidos de una era que se acaba y que, de a pocos, le da paso a un tiempo nuevo. A un tiempo de más libertad. Mientras más marchen, más cerca está el futuro. La oposición furibunda a un cambio es mucho menos sólida que el silencio. Y, en el Perú, el silencio ha terminado. ¡Que vengan más marchas! Que sean un réquiem.


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