No, Tarata no fue un error - por Oscar Rosales
Abimael Guzmán
FUENTE: El Comercio

2017-02-28 16:10:04

Oscar
Rosales
@orosalesk
 

"La verdad es que ahora que se está juzgando a Abimael Guzmán por el atentado de Tarata la justicia debe ser implacable. Matar a personas inocentes no es un 'error', sino un crimen. Y esa era la práctica común de Sendero Luminoso."


Hace casi 25 años, Lima vivió uno de los atentados más dolorosos de su historia. Un cochebomba, que originalmente tenía como objetivo un local del banco BCP, explotó en la calle Tarata (Miraflores) arrasando con todo lo que había en la zona. ¿El saldo? 25 muertos y más de 200 heridos. Una niña de solo cinco años, Valeria Quiroga, se convirtió en el símbolo del atentado. Mientras ella era llevada al hospital, su madre buscaba sin descanso la pierna que su hija había perdido en la explosión. Su única esperanza era encontrarla para luego poder reimplantarla.   

Ante tanto dolor, lo que nos dice el abogado de Abimael Guzmán, Manuel Fajardo, es que el atentado de Tarata fue un "error": “Fue un error. Esa acción no estaba dirigida para las personas que vivían en Tarata… había un local político ahí”. Tal vez fue un error en el sentido de que no asesinaron a quienes deseaban, pero eso no hace al acto menos repugnante. Lo que Fajardo llama "local político" no era más que un local en el que vivían personas inocentes, que al igual de quienes estaban en Tarata en el momento del incidente, tenían familias, no habían cometido ningún crimen y se ganaban la vida honestamente. Su único pecado era trabajar en un banco, como muchos de nuestros amigos o padres podrían hacerlo.

La verdad es que ahora que se está juzgando a Abimael Guzmán por el atentado de Tarata, la justicia debe ser implacable. Matar a personas inocentes no es un "error", sino un crimen. Y esa era la práctica común de Sendero Luminoso. Cegados por el fanatismo comunista, los senderistas asesinaron y recluyeron contra su voluntad a personas en todo el Perú. Crearon campos de concentración en la selva central, mataron tantos ashánincas que es posible hablar de un genocidio y realizaron un recorrido de la muerte desde Yanaccollpa hasta Lucanamarca en el que asesinaron a 69 inocentes, incluyendo a un niño de seis meses. Abimael Guzmán, por supuesto, estaba de acuerdo con el uso de la violencia para destruir nuestras libertades.

Aunque los senderistas quieran reescribir la historia y hablarnos de "presos políticos", en el Perú no hubo ninguna "guerra popular", sino un grupo de terroristas que se abalanzaron sobre personas inocentes. Ojalá que el juicio a Abimael Guzmán, que coincide con el aniversario de los 25 años del atentado de Tarata, nos sirva para recordar nuestra historia y conocer los orígenes de la violencia y la maldad.


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