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"El Sodalicio fue una institución concebida por un fascista pederasta y liderada por un séquito distraídos turiferarios, en el mejor de los casos, y de compinches depredadores sexuales, en el peor. ¿Por qué resistirse?"

La semana pasada las autoridades del Sodalicio de Vida Cristiana hicieron público el informe que redactó la comisión que se formó para investigar los casos de abuso que, a través de la prensa, se hicieron públicos. El informe admite, entre otras atrocidades, que 19 menores de edad sufrieron de abuso sexual por miembros de una institución que debía orientarlos en una vida espiritual y de devoción a las virtudes católicas. El Sodalicio debía ser un camino que condujese a sus miembros a acercarse a Cristo a través de la Iglesia.

El asunto es que el Sodalicio y sus autoridades no solo ignoraron decenas de advertencias sobre lo que en sus tripas sucedía, sino que moldearon la organización para que sea la tierra fértil en la que los apetitos sexuales de los predadores que lo habitaban echasen raíz. No me cabe duda de que la intención de muchos sodálites no fue que todo esto suceda, pero como la propia estructura católica de señalamiento de la culpa dicta, se puede pecar de pensamiento, palabra, obra u omisión. Los sodálites han pecado, y mucho.

Ahora: no pretendo decir que no haya habido gente de bien que haya recorrido, a través del Sodalicio, un camino espiritual propio y ajeno a tanta miseria. Pero es aquí que cabe hacerse una pregunta que nadie parece estarse haciendo: ¿es el Sodalicio un fin en sí mismo? Hasta donde entiendo el Sodalicio es solo un camino para llegar a Cristo y -bajo esas premisas- a la “salvación de la vida eterna”. Entonces: ¿pueden quienes hoy integran el Sodalicio continuar su rumbo hacia el mismo Norte prescindiendo de la existencia de la organización?

Sí, evidentemente. Cualquier sodálite podría acercarse a cualquier parroquia y continuar con el ejercicio de su fe en la que él elija de las otras ramificaciones de la Iglesia católica. Si se entiende que la finalidad última de quienes integraron el Sodalicio fue alcanzar a Cristo, puede haber llegado la hora de buscarlo en otro lugar. El Sodalicio fue una institución concebida por un fascista pederasta y liderada por un séquito distraídos turiferarios, en el mejor de los casos, y de compinches depredadores sexuales, en el peor. ¿Por qué resistirse?

El Sodalicio es el legado de Luis Fernando Figari y de Germán Doig. Al ser una organización que ponderó a la obediencia como la máxima virtud y recordando que los sodálites debieron obedecer a dos pedófilos por décadas, resulta tremendamente endeble abogar por su supervivencia. El Sodalicio debe disolverse en penitencia por las atrocidades cometidas. Debe reparar a sus víctimas y debe buscar que sus miembros continúen su camino bajo los pilares de una institución que no cargue con el estigma que la memoria supone allí.

Pero esto no pasará. No pasará porque el Sodalicio ha construido un imperio económico cuyas fronteras van muchísimo más allá de lo que hasta ahora se imagina. No pasará porque los votos de pobreza que Jesús le pidió a sus seguidores es solo un saludo a la bandera para estos blasfemos de una fe adorable. A partir de esta semana este diario publicará una serie de investigaciones hechas por Paola Ugaz, Daniel Yovera, Ariana Lira y Matheus Calderón en donde este punto quedará claro. La verdad se va a saber pronto.