La magia de las lavadoras que liberó a las mujeres - por Oscar Rosales
FUENTE: Difusión

2017-02-07 15:08:28

Oscar
Rosales
@orosalesk
 

De las lavadoras, como decía Rosling, salían libros. Libros que, como a él, muchas madres pudieron leer a sus hijos para inspirar heroicas carreras académicas. Novelas que miles de mujeres pudieron disfrutar en las horas que ya no tenían que trabajar.


Esta mañana falleció un héroe. La primera vez que supe de Hans Rosling fue gracias a un artículo de Steve Horwitz. Se suponía que Rosling tenía una charla en TED que conmovería a los economistas más "fríos". Y, por curiosidad, decidí verla (si aún no la han visto, háganlo ahora). Bastaron diez minutos para confirmar que la hipótesis de Horwitz era verdadera. A través de la historia de una "simple" lavadora, Rosling narraba los beneficios de la industrialización y cómo un objeto tan aparentemente trivial había transformado la vida de las mujeres de su familia.  

Rosling, el médico que identificó el konzo (una enfermedad epidémica que paralizó a cientos de africanos) y descubrió sus causas, dedicó buena parte de sus últimos años a divulgar los datos sobre el desarrollo del mundo. El problema que pretendía combatir no era solo la ignorancia, sino los prejuicios (vean aquí el resto de sus legendarias charlas TED). Desde hace varias décadas, el mundo se ha transformado dramáticamente, pero muy pocos son conscientes de ello. Casi nadie conoce la increíble mejora en la calidad de vida que han experimentado millones de asiáticos y latinoamericanos. Rosling, como estudioso de la relación entre la pobreza y la salud, era la persona indicada para divulgar estas estadísticas.

Pero, volvamos al tema. ¿Cuál es la magia de las lavadoras? A menudo, las clases medias y altas damos por sentado e incluso menospreciamos los objetos que son de uso diario. Desde los televisores hasta las cocinas eléctricas. Sin embargo, los electrodomésticos significaron un salto cualitativo en la vida de miles de personas. Reducir exponencialmente el tiempo necesario para las labores domésticas otorgó tiempo libre a las mujeres. Ya sea para poder compartir más tiempo con sus familias como para educarse o buscar un trabajo (lo que, a su vez, permitió que las mujeres empiecen a ganar un salario propio y rompan con las cadenas que las ataban a sus maridos). De las lavadoras, como decía Rosling, salían libros. Libros que, como a él, muchas madres pudieron leer a sus hijos para inspirar heroicas carreras académicas. Novelas que miles de mujeres pudieron disfrutar en las horas que ya no tenían que trabajar.

La división del trabajo por género es tan antigua como la especie humana, la encontramos en todo el mundo y en las sociedades más tradicionales. Lo que es nuevo es la progresiva eliminación de esta división; la igualdad de derechos y deberes entre hombres y mujeres. Cada vez hay más mujeres que ocupan puestos que solían estar reservados para el género masculino y cada vez hay más mujeres mejor educadas y con mayores remuneraciones. Por eso es que los más reaccionarios critican a las lavadoras: por hacer que las mujeres salgan del hogar.

En las sociedades avanzadas a veces se habla con desdén de la industrialización y el consumo, pero son esos objetos que tanto nos facilitan la vida los que necesitan y desean los pobres del mundo. Los objetos que, haciendo más sencillo el trabajo del hogar y otorgando tiempo libre, ayudaron a liberar a las mujeres.


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