Los homosexuales y yo - por Daniel Urresti
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FUENTE: Difusión

2017-01-30 19:45:39

Tribuna
Libre
 

"Unos segundos o minutos después, salió un hombre, correa en mano, que agitándola gritó, “¡Váyanse de aquí carajo!”, y luego procedió a golpear con la correa a Susy empujándolo hacia dentro de la casa gritando, '¡Pasa maricón de mierda! ¡Yo no puedo ser tu padre!"


Se quedó grabado con fuego en mi mente. Era un mes de abril de 1969, un día particularmente caluroso para la fecha. Era hora de salida. Atravesábamos el patio de tierra de la Gran Unidad Escolar en que estudié. Adelante, iba un niño lloroso de no más de 13 años abrazando sus cuadernos contra el pecho y detrás caminaban entre 40 o 50 colegiales de entre 11 y 15 años de edad. Yo iba conversando con dos amigos de mi salón y la curiosidad infantil nos hizo acercarnos al grupo. Los que estaban más cerca del niño lo cogían groseramente de las nalgas y lo empujaban. Los otros le gritaban, “¡Susy! ¡Susy! ¡Esta pinga es para ti! ¡Ven chúpamela! ¡Yo te voy a hacer rico!”, y otras cosas por el estilo.

Este niño al que llamaban Susy era un alumno de segundo de media que, habían descubierto, era homosexual y, en la infinita crueldad que solo los niños pueden demostrar abiertamente, habían decidido seguirlo diciéndole gran cantidad de insultos que celebraban a risotadas como si fueran los mejores chistes del mundo. Mis amigos y yo nos incluimos en esa pequeña turba y caminamos varias cuadras detrás de Susy, más por curiosidad que por otra cosa.

De pronto, nos detuvimos. Susy tocaba de manera angustiosa una puerta que supusimos era la de su casa, pero demoraban en abrirle. Los insultos continuaban y, de pronto, del segundo piso, una señora que supongo era su mamá, arrojo una batea con agua logrando mojar a los chicos que estaban más cerca de la puerta. Unos segundos o minutos después, salió un hombre, correa en mano, que agitándola gritó, “¡Váyanse de aquí carajo!”, y luego procedió a golpear con la correa a Susy empujándolo hacia dentro de la casa gritando, “¡Pasa maricón de mierda! ¡Yo no puedo ser tu padre!”.

Nos retiramos poco a poco y me dirigí a mi casa, triste. Yo no tenía padre y tal vez por eso siempre imaginé que un padre saldría a pelear con todo el mundo para proteger a su hijo, pero lo que yo vi fue diferente: no lo protegió, le pego a él.

A mi abuela podía contarle todo y así lo hice. Cuando terminé, me dijo, “¡Muchachos de mierda, todavía no saben limpiarse el poto y ya le están jodiendo la vida a otros! ¡Ni siquiera se dan cuenta que si quieren estar con este chico es porque también son maricones!”.

“Escúchame hijito, si Diosito no hubiese querido que existan maricones, no lo hubiese permitido. Ellos son igual que nosotros, hay buenos y hay malos, hay ladrones y honrados, hay sabios y burros. Recuerda son igual que nosotros. Nunca los menosprecies, ni los trates diferente. Grandes sabios grandes hombres han sido maricones y han hecho que nuestro mundo mejore.”

- Abuelita, ¿por qué su papa no lo defendió, sino más bien le pegó?

- Ese mal parido seguramente está asustado de que si el hijo es maricón, de repente él también lo sea o tal vez solo sea una bestia ignorante.

- Pero abuelita, ¿si mis amigos me molestan por hacerme amigo de un maricón?

- Pues, entonces les sacas la mierda que para eso te he enseñado a defenderte, nadie te puede obligar a dejar de hacer algo cuando eso es correcto

Nunca volví a ver a Susy, no regresó al colegio y no sé qué sería de su vida. Lo importante es que mi adorada abuela me orientó correctamente. Desde esa edad no he visto con morbo a los homosexuales, siempre los he visto como una persona más. Mucha agua ha corrido debajo del puente y muchas cosas han cambiado. Ahora se dice gay como sinónimo de homosexual y la palabra maricón se asocia con cobardía. En muchas partes del mundo se les reconoce sus derechos y se les permite, como a todo ser humano, que busquen su felicidad. Aquí en nuestro Perú hemos avanzado, ya nadie los trata como a esa infeliz victima que era Susy, pero falta mucho. Igual que yo, cada día son más los que están de acuerdo en permitirles que gocen de todos los derechos y consigan su felicidad, que muchas veces consistirá en vivir en pareja con los mismos derechos que los heterosexuales.



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