Los de arriba y los de abajo - por Juliana Oxenford
FUENTE: trujilloinforma.com

2017-01-11 15:40:07

Juliana
Oxenford
 

"Abrir un caño y poder llenar un vaso es, para cinco millones de peruanos, un verdadero lujo. Ese mismo día, a la misma hora, pero ahora al sur de la ciudad, los veraneantes de Asia también aprovechaban el verano desde las piscinas privadas que muchos de ellos han podido construir en sus lujosas casas de temporada."


No eran diez ni veinte, sin exagerar eran más de cien – incluidos niños y ancianos – los que sonreían felices frente a cámara mientras disfrutaban de una mañana de sol en una acequia en Ate Vitarte. Allí estaban chapoteando mientras algunas señoras aprovechaban la misma agua para lavar su ropa y hasta los platos sucios del desayuno. No había opción para nada más que disfrutar antes que la Municipalidad emitiera una orden para clausurar la falsa piscina por representar un riesgo para la salud de los vecinos. Una vez más se quedaron sin agua. Más tarde regresarían a sus casas para reencontrarse con la injusta escena de todos los días: Varios baldes vacíos esperando la llegada del camión cisterna y la desesperación por conseguir esos soles extras que permitan al menos asegurar el agua que se necesita para preparar el almuerzo. Algo tan elemental como abrir un caño y poder llenar un vaso es, para cinco millones de peruanos, un verdadero lujo.

Ese mismo día, a la misma hora, pero ahora al sur de la ciudad, los veraneantes de Asia también aprovechaban el verano desde las piscinas privadas que muchos de ellos han podido construir en sus lujosas casas de temporada. Ellos sí tienen la opción de preocuparse por cambiar el agua cada dos o tres días, ellos sí podrán tomarse una ducha antes de sentarse a la mesa y seguramente ni contemplan la posibilidad de asegurarse de cerrar bien las llaves de sus finos lavatorios porque para ellos – como para muchos de nosotros – el agua no es un problema.

Lima, la ciudad de los extremos y de la ceguera absoluta. 

Mientras miles de mamás se levantan todos los días - alimentan a sus pequeños con un poco de pan y si se tiene algo de suerte también con leche – otras abren el ojo solo para asegurarse de que la persona que se encarga del cuidado de los niños ya tenga todo listo. Pero ojo, no confundamos. Entiéndase por atender el hecho de entretenerlos y hacerse cargo, mas no de poder meterse con ellos a la piscina del club o a la playa porque eso sí que sería un escándalo. Basta darse una vueltita por algunas de las playas más “exclusivas” de Lima para ver cómo esta nauseabunda restricción que antes se anunciaba en carteles a todo color, hasta ahora es una especie de estúpido mandamiento que se cumple al pie de la letra: los niños jugando en el agua y, en la orilla húmeda, con un calor insufrible y seguramente sin poder acercarse a la sombrilla que protege del sol a las veraneantes madres de familia, varias trabajadoras del hogar humedecen con sudor los detestables uniformes blancos que además deben asegurarse de mantener impecables.

Lima, la ciudad del servilismo y el eterno racismo.

Hoy todavía veo enormes colas en las puertas de varios colegios de Comas, San Juan de Lurigancho, Carabayllo y San Martín. Falta más de mes y medio para el inicio del año escolar, pero no hay tiempo que perder. O se acampa en los alrededores de la gran unidad escolar para conseguir una vacante o no quedará otra que mandar al niño a una escuela estatal de menor calidad. Pensar en los doscientos o trescientos soles que puede costar la mensualidad del colegio más barato de la zona, para la mayoría de familias resulta imposible. Hacerlo sería poner en juego el pago del alquiler del carro con el que papá recorre las calles de esta hostil y desbordante ciudad para asegurar el almuerzo de mañana.

Mientras tanto, estamos quienes tenemos la enorme fortuna de poder elegir y, aunque parezca inaudito, seguimos optando por alternativas donde no es la educación la prioridad, sino los estrambóticos apellidos de quienes compartirán el salón con nuestros hijos. Una boba manera de creer que las relaciones humanas pasan por los favores que vengan y vayan cuando se termine la escuela y no por el único vínculo capaz de perdurar en el tiempo: La amistad.

Lima, la ciudad que hasta hoy no entiende que detrás de cada uno de sus ciudadanos vive un ser humano.


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