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Lee el poema de esta semana de nuestra columnista Lilly Reiss.

Las esquinas se rehúsan

a seguir encorvándose.


La eventualidad ya no existe.


Todos divagan linealmente.


¡Nadie puede voltear!


¡Nadie puede perderse!


¡Nadie puede dejarse atrás!


Es la urgencia de los que se detienen

a pensar en el punto donde ya,

la espalda está casi dejando

una procesión de mariposas.


¡En realidad solo dos reales, 

el resto imaginarias!


A la derecha, a la izquierda,

son palabras carentes de sustancia

que perdieron el poder de la mudanza.


El capricho de las aristas 

las condena

a la tartamudez del Destino,

que necesita “la vuelta”

para justificar su oficio,

ante los mortales.


Desempleados están los espejos.


Y los reveses tratan de remendarse.


Y a lo lejos se vislumbran 

los encajes que descienden

del ropaje de la luna,

¡que ayer vistió de gala!


La monotonía disfruta

del paladín del momento.


Las aceras

no encuentran como acicalar

sus interminables contornos.


¡Y las calles… no quieren hablar

ni con las amapolas!


Poema de Lilly Reiss