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Injustificadamente, nuestro gobierno ha avalado con sus declaraciones a una "la memoria" de las dictaduras más atroces que ha sufrido América Latina

La actitud del gobierno es inentendible. Cuando parecía que por fin nuestras autoridades dejaban atrás el silencio cómplice que caracterizó al Perú durante los años de Ollanta Humala Tasso, el gobierno de Peruanos Por el Kambio adoptó una actitud vergonzosa frente a lo que ha sucedido en Cuba los últimos 50 años. Innecesariamente, nuestro gobierno ha avalado con sus declaraciones a una de las dictaduras más atroces que ha sufrido América Latina.  

Tras la muerte de Fidel Castro, el gobierno emitió una resolución firmada por el vicepresidente Martín Vizcarra, el premier Fernando Zavala y el ministro de Trabajo Alfonso Grados que señalaba lo siguiente: "El gobierno constitucional de la República del Perú, recogiendo el profundo pesar que embarga a la República de Cuba por tan sensible pérdida, desea honrar la memoria del fallecido ex jefe de Estado, participando de las exequias que se llevarán a cabo en la ciudad de La Habana, República de Cuba”. Y como si esto no fuera poco, Pedro Pablo Kuczynski publicó en su cuenta de Twitter que saludaba "la memoria" del dictador Fidel Castro.

La actitud favorable del gobierno es condenable desde cualquier perspectiva. El gobierno no solo no tenía por qué honrar la memoria de Fidel Castro (¿acaso Cuba va a romper relaciones con nosotros porque no habláramos bien del ex dictador?), sino que lo coherente hubiera sido que no lo haga. Después de criticar en repetidas oportunidades al régimen de Nicolás Maduro, es un acto de doble moral hablar en términos elogiosos de la "memoria" de quien fuera el dictador más longevo de Latinoamérica.

Bajo la dirección de Fidel Castro, el gobierno cubano ha cometido todas las violaciones de Derechos Humanos que hasta ahora ha perpetuado el régimen chavista y muchas más. Sencillamente no existe ninguna memoria que "honrar" cuando se trata de una persona que ordenó ejecuciones extrajudiciales y que condujo a un gobierno que ha encarcelado a personas por sus posiciones políticas, que envió a campos de concentración a los homosexuales y que llevó a la miseria a su país. En Cuba no hay libertad de prensa, Internet libre, ni mucho menos un gobierno del que hablar en términos positivos.

A la mañana siguiente del fallecimiento de Fidel Castro, el primer ministro de Canadá publicó una declaración que le valió miles de críticas en redes sociales. En Twitter especialmente, la indignación se convirtió en sátira y las declaraciones se Justin Trudeau se modificaron para mostrar lo absurdo que era hablar bien de un violador de derechos humanos. "Lamentamos la muerte de Joseph Stalin", decía un comentario, "un fuerte líder nacional y visionario en la causa del control poblacional". Había otros comentarios aún más impactantes, pero que de igual manera evidenciaban lo repudiables que eran las declaraciones de Trudeau.

En el caso del gobierno peruano, lo que podríamos hacer es preguntarnos qué pasaría si en vez de Fidel Castro estuviéramos hablando de otro dictador que cometió crímenes de lesa humanidad. Después de todo, no importa si bajo tu mando se asesinaran a 8000 personas como en el caso de Castro o a 3000 personas como en el caso de Pinochet, la memoria de un violador de derechos humanos nunca tiene que ser honrada.