Elige que categorias deseas ver
"Acá los bomberos, además, están mal equipados. Hacen proezas para amarrar las mangueras con hueco que los acompañan a los incendios. Es fácil llorar a los muertos, llamarlos héroes, pero toca pasar a la acción."

3 bomberos han muerto. Alonso Salas Chanduví, Raúl Lee Sánchez Torres y Eduardo Porfirio Jiménez Soriano desaparecieron en medio del incendio en el Agustino. Sus compañeros trabajaron contrarreloj para encontrarlos porque sabían que solo tenían un tanque de oxígeno que dura 40 minutos. No hubo milagro de octubre.

¿Qué pasa por la cabeza de una persona que decide entrar a un lugar en llamas del que todos huyen? ¿Qué motiva el corazón de un ser humano para anteponer el bien común, la vida de completos extraños a su propia seguridad? 

Resulta esperanzador que en un país donde solo en el 2016 el Poder Judicial ya impuso 1367 condenas por corrupción en la administración pública, exista un cuerpo voluntario de hombres y mujeres en todo el país, de todos los niveles socioeconómicos, que dedican sus ratos de ocio, su tiempo en familia, porque trabajo remunerado y a tiempo completo también tienen, para ser bomberos, para correr y apagar el fuego. Todo gratis, a cambio de la satisfacción del deber cumplido. 

¿Qué nos pasa al resto de ciudadanos que oímos sus sirenas y no nos hacemos a un lado, que permitimos que el 90% de las llamadas al 116 sean falsas? Y las autoridades, ¿por qué siguen permitiendo que este cuerpo de valientes, con auténtica vocación de servicio, trabajen sin costearles el mejor seguro médico posible? En el Perú, cuando un bombero se quema, se asfixia, sufre cualquier accidente y lo llevan a un hospital de Essalud, no lo reciben si no es “asegurado”. ¿Todo el Cuerpo General de Bomberos Voluntarios del Perú no puede ser afiliado automáticamente, como mínimo, a Essalud, apenas ingresan? ¿Esa medida es tan complicada? ¿Va a colapsar el Presupuesto Nacional que todavía se viene debatiendo en el Congreso? 

Ser bombero está entre los trabajos más riesgosos del mundo. Todos son hijos de alguien, cónyuges, padres, que igual, responden ante una emergencia dando todo por controlarla y a veces, en el intento, pierden la vida o quedan gravemente heridos. Las autoridades llevan años hablando de mejorar sus condiciones de trabajo, pero a nadie se le ocurre darles un seguro de vida, de incapacidad temporal y/o permanente que, al menos, les permite tener la tranquilidad de que si algo les sucede, sus seres queridos tendrán un soporte económico. 

Como periodista he tenido la oportunidad de trabajar con cuatro colegas que además de ser excelentes profesionales, son bomberos. Rafael Palacios, Elmer Surco, Iván Bravo y Andy Ortiz, a ustedes, mi admiración porque en nuestra carrera donde no hay feriados, fines de semana ni hora de salida, siempre encontraron tiempo para “estar en la bomba”.  

Acá los bomberos, además, están mal equipados. Hacen proezas para amarrar las mangueras con hueco que los acompañan a los incendios. Es fácil llorar a los muertos, llamarlos héroes, pero toca pasar a la acción. Profesionalizar su trabajo no pasa por debatir si deben o no tener sueldo, sino por asegurar que trabajen en las condiciones adecuadas. Lima y Callao con sus más de 9 millones de habitantes no tiene ni 20 mil hidrantes, y 3 de cada 10 alertaron los bomberos en enero no funcionaban bien. En los 10 distritos más pobres de la capital, que concentran el 30% de la población, solo están el 27%. Pregunto, ¿por qué? En el país, hay 221 compañías, pero debería haber el doble. Distritos como Villa El Salvador e Independencia, solo tienen una compañía y por la densidad poblacional, deberían ser al menos 3.

Para el incendio en Wong de Asia, los bomberos tuvieron que llegar desde Lima hasta el 97.5 de la Carretera Panamericana Sur. Hasta setiembre, la estadística oficial indicaba que en el 2016 habían apagado 8951 incendios, más o menos, un incendio por hora, cada día desde el 1 de enero. 

El Comandante General de los Bomberos, César García, se quebró en una entrevista en Canal N. Dijo que no sabía si se sentía abandonado, pero que había que hacer algo. Que solo necesitan el equipamiento necesario para trabajar en las emergencias. Ojalá y sus lágrimas, así como las 3 vidas de bomberos que el incendio se llevó muevan el corazón y el bolsillo de los que tienen el poder de hacer un cambio real y permanente en esta institución que hace mucho y pide poco. Quizá muy poco. Por eso están los que se sienten con el derecho de abandonarlos a su suerte.