León Trahtemberg y la educación del siglo XXI
Interiores del Colegio Áleph durante un día no lectivo.
FUENTE: Altavoz

2016-08-05 18:00:00

Vicente
de
Piérola
 

Tuvimos una extensa conversación con Trahtemberg sobre el panorama educativo en el Perú y su apuesta por una pedagogía moderna.


Por: Aranza Lira y Vicente de Piérola

 

León Trahtemberg primero estudió Ingeniería para luego hacer una maestría en Educación. Y antes de fundar el Áleph, fue director de un colegio tradicional por muchos años. En otras palabras, nadie le puede decir a este señor que no sabe cómo reinventarse. Y él tiene claro que es justamente eso lo que la mayoría de colegios necesitan hacer: reinventarse. 

El lunes Trahtemberg nos recibió en su oficina (un cubículo de vidrio en la recepción del Colegio Áleph) para una entrevista sobre el panorama educativo en el Perú y su propuesta pedagógica. También nos explicó por qué siempre rechaza el cargo de ministro y por qué cree que los escolares deberían tomarse un año antes de entrar a la universidad.

Si prefieres escuchar la entrevista, este es el audio:

Esta entrevista fue realizada el 1ro de agosto en el colegio Áleph. La transcripción ha sido ligeramente editada para aumentar la claridad. 

El Áleph es un colegio con un sistema educativo revolucionario en el Perú. ¿Cuál es su principal crítica al sistema educativo tradicional?

El sistema tradicional tiene todo preparado desde fuera del alumno y hace que el alumno haga lo que otros quieren. El Colegio Áleph parte de reconocer que el alumno es un universo, es una totalidad, que tiene deseos, que tiene ideas, que tiene inteligencia, que tiene curiosidades, deseos de explorar, de aprender, y lo que hay que hacer es adecuar los contextos para que el alumno quiera aprender y disfrute aprender. Y por lo tanto, en lugar de tener todo prefigurado, previsto, planificado desde fuera (los cuadernos, los libros, los ejercicios, los programas, los syllabus, todo), la idea es construirlo desde lo que los alumnos traen a la clase.

La verdad es que ya hace décadas que se viene diciendo que hay que trasladar el centro de gravedad del quehacer escolar del profesor al alumno. Del profesor que enseña, al alumno que aprende (que no es lo mismo). Pero eso se ha quedado en el discurso y lo que nosotros estamos tratando de mostrar es que sí es posible lograr una situación por la cual el alumno aprende y el profesor es un acompañante, es un facilitador, es un provocador, es un creador de contextos. Pero no es que el alumno tiene que ser el súbdito del profesor y hacer lo que el profesor le dice, dejando de lado todo lo que el alumno piensa y siente, ¿no?

Es decir, el alumno tiene una participación mucho más activa

El alumno es el centro.

¿Cree que la gestión del ministro Saavedra ha hecho algo importante para cambiar el rumbo hacia la ideología que usted propone?

No. El Ministerio de Educación tiene una muy fuerte presencia de economistas, sociólogos, abogados, algunos psicólogos. Muy pocos pedagogos en los niveles de decisión. Y entonces, la manera de pensar que tienen los economistas y los ingenieros está muy basada en medir, en números, en estándares, en indicadores, en costo-beneficio… Los educadores tienen una forma distinta de pensar según la cual el aprendizaje y el contexto del aprendizaje es fundamental. Pero ambos chocan. Por ejemplo, si yo tengo que diseñar una prueba porque tengo que medir y tengo que demostrar un resultado, entonces tengo que diseñarla con una estructura que tiene ciertas maneras de preguntar, ciertos tipos de respuestas que se permitan marcar para rápidamente corregir. Y entonces, la necesidad de evaluar definió cómo va a ser la prueba. En una prueba así, el alumno tiene que pensar de manera unidireccional y el alumno tiene que contestar lo que al profesor le parece es la respuesta correcta. No hay espacio para opinar, para confrontar, para discutir. No hay espacio para decir “depende”. No hay espacio para que el alumno demuestre su habilidad preguntando, más que contestando. Y entonces, una pedagogía que entiende que la creatividad, que la inteligencia, que el pensamiento crítico, requiere salir del alumno a infinitas posibilidades de expresión choca con la necesidad de los economistas de medir, de evaluar, de tomar pruebas…

Y hay un segundo elemento y es que cuando tú mides, tú transmites el mensaje de qué cosa es importante y qué no. Qué cosa es importante para la autoridad, no para el niño. Entonces la autoridad en el Perú, en el mundo occidental, está diciendo: “lo único que me importa es matemática y lenguaje, porque eso es lo que se evalúa, eso es lo que se mide, eso es lo que se publica, eso es lo que se critica”. Y entonces todo el resto, paulatinamente va quedando de lado. ¿Por qué? porque no se mide.

Entonces esa perversión de las mediciones como fin más que como medio (entre otras) es la que hace chocar a los pedagogos con los economistas, pero quienes tienen el poder de decisión sobre cómo se va a regir el sector Educación actualmente son los que ponen la plata y la cúpula del Ministerio que está llena de economistas, más el Banco Mundial, más el BID, más el FMI… todos son economistas. Entonces eso, lo que está haciendo es enturbiar o ningunear el saber pedagógico.

Entonces el Ministro Saavedra, en mi opinión, ha estado trabajando bien aquellos aspectos que tienen que ver con infraestructura, recaudación de más dinero para el sector, subir sueldos, intentar que la gestión sea un poco más eficiente… lo que yo en algún momento definía como todo lo que es fuera del aula.  

El aula es donde se producen los fracasos. El fracaso no está en el hecho de que no consiguió plata, o que no ha hecho proyectos, o que no ha hecho alianzas público-privadas, o que no hay infraestructura, no está ahí. O que no entrega libros a los colegios; todo eso hacen. Pero no modifican el aprendizaje, que es algo que -por ejemplo- hacemos aquí.

En el caso de los colegios religiosos privados, ¿cree que el hecho de que sean religiosos pueda incrementar el nivel de autoritarismo que se da en ellos?

No, no tienen que ser religiosos. Yo diría los colegios apegados a la tradición, que pueden ser laicos, religiosos. Pueden ser bilingües, internacionales. Todos los colegios que en nombre de la tradición no quieren cambiar y reinventarse, se van desfasando de lo que es la pedagogía moderna. Entonces no tiene nada que ver con que sea religioso porque puedes tener un colegio laico sumamente autoritario, rígido, confrontacional… perdón: frontal más que confrontacional. Y hay algunos colegios religiosos que son bien... bien flexibles, bien plásticos.

Pero, por ejemplo, en los colegios religiosos radicales, en los cuales les inculcan la religión desde muy temprana edad, y la imponen, ¿cómo cree que eso podría afectar la forma de aprender de los niños?

Bueno, ese es un tema… Yo diría que en general. Por ejemplo si a un niño pequeño yo le impongo una manera de aprender matemática, donde hay una y solo una manera de resolver las cosas, estoy siendo tan dogmático como aquel que te quiere enseñar que la religión es el referente de tu vida. Porque puedo destruirte tu pensamiento matemático diciéndote que hay una sola forma -que es la que yo tengo, como profesor- y todo lo que tú pienses con respecto a otras formas no sirve.

Entonces no es un tema asociado a la religión como religión, es un tema asociado a cuál es la metodología.

Claro, yo creo que un colegio religioso puede ser muy flexible, pero en la mayoría de los casos el adoctrinamiento es como un aliado para el autoritarismo.

Es que hay terrenos en los que, para los colegios religiosos no hay discusión precisamente porque su punto de partida son dogmas. O sea, yo no conozco ningún colegio religioso donde los alumnos puedan confrontarse con la idea de que María no era virgen o que Jesús en realidad no existió. Probablemente en un ambiente más abierto, sería tema de discusión. Entonces hay dogmas y cuando un padre de familia inscribe a sus hijos en un colegio religioso, está aceptando que hay ciertas verdades -digamos- que ese colegio va a asumir como no negociables, y que si no le gusta eso a la familia, tiene que buscarse otro colegio. Pero más allá de eso, puede haber en otros aspectos de la actividad religiosa, o de los -digamos- las discusiones filosóficas, puede haber mucha apertura, mucha capacidad de confrontar ideas… Eso ya depende pues de cada colegio.

Dicho sea de paso, tampoco conozco muchos colegios que estén dispuestos a decir “en este colegio no vamos a enseñar matemática”. Es igual de dogmático porque la matemática podría no enseñarse.

Entonces, ¿usted a qué materias cree que se le deberían dar más importancia y cuáles cree que deberían ser erradicadas o modificadas?

Yo creo que hay 3 áreas -que no necesariamente tienen que presentarse como materias, suele ser más fácil- que son matemáticas, lectura, e inglés, que requieren un desarrollo más secuencial, más acumulativo…

¿Esas son las que usted llama instrumentales no?

Se les llama instrumentales porque sirven como instrumento para todas las otras. Yo no puedo enseñar historia si no sé leer, o no puedo hacer física si no sé matemática, algo por lo menos. Entonces en ese sentido se les llama instrumentales. Pero eso no debería llevar a desconocer que hay matemática en todo lo que hacemos. Por ejemplo, yo puedo sentarme acá con un alumno [agarra una botella de agua que está en su escritorio] y decirle “oye aquí dice 600 ml, ¿qué es eso?” Y ese es el problema del día, que diga qué es eso pues. Y si una vez que llega a la conclusión de que tiene que ver con el volumen, digo “bueno y ¿cómo haríamos para que haya un tercio, o la mitad?… y ¿cuál es el tamaño de botella que te parece más funcional?” Puedo desarrollar todo un proyecto pero estamos hablando de una botella de agua. Entonces [en] la matemática hay que entender que solamente en la medida que el alumno la sienta presente en su día a día va a adquirir sentido. En la medida de que la sienta como algo que se hace a ciertas horas de la semana con cierto profesor con ciertas operaciones, se acabó la transversalidad ¿no cierto?

¿Y cómo es en el caso de las tareas?

No hay tareas.

No tienen tareas, todo lo aprenden aquí mismo.

No hay ninguna investigación que diga que las tareas sirven para algo. Es más, la mayoría de los alumnos no las hacen o las copian, o las hacen los padres o… Entonces, ¿cuál es el valor que tiene…

Hay toda una mini-industria de profesores post-escolares.

Claro, y por otro lado, ¿acaso los profesores revisan las tareas? O sea, es un ritual, no es una… no es un componente válido de la formación de las personas, es un ritual histórico, digamos.

¿Y cómo logra aplicar este sistema sin salirse del currículo educativa nacional?

Porque el currículo sirve como telón de fondo para que el profesor sepa, en cada grado, cuáles son los núcleos fundamentales que se espera que a esa edad, los niños aborden. Pero eso no te obliga a la metodología, ni al uso de libros, ni al syllabus, ni nada de eso. Por ejemplo, el currículo puede decir “vamos a hablar sobre el ciclo de la vida”, digamos. “Nace, crece, se reproduce, muere”. Entonces, tú puedes hablar del ciclo de vida de las personas, puedes hablar de los animales, puedes hablar de las plantas, puedes hablar de los minerales, la tierra… ¿Por qué se agota una mina de oro? ¿Por qué se agota la radiación de una sustancia radioactiva? O sea, puedes hablar del ciclo de vida de cualquier cosa. O te quedas nada más en que el ciclo de vida se da en las personas. Y por ahí un alumno se apasiona con cómo se reproduce una planta, esa es su pasión. Entonces, está trabajando el ciclo de la vida solo que no está hablando [sobre] cómo nace un bebe, está hablando [sobre] cómo se reproduce una planta. Entonces en ese sentido es que el… el contenido de lo que uno estudia es un pretexto para el desarrollo de una manera de pensar, entender, aprender, no es el fin.

¿Por eso en el Áleph la idea es que los cursos instrumentales se complementen con el resto de la educación que es mediante proyectos?

Claro, que además es la mayor parte del día. Matemática y lengua tienen una hora interdiaria, formalmente. Inglés está más presente porque inglés también participa en los proyectos. Pero el corazón del trabajo en el colegio son los proyectos de investigación.  

Cuando le hablo a algunos padres o profesores de mi colegio sobre lo innovador que me parece el Áleph, me dicen que los Reyes Rojos apostaron a lo mismo hace décadas pero no terminaron muy bien. Quisiera saber cuál es -desde su punto de vista- la gran diferencia entre estas dos propuestas.

Hay dos cosas que tienes que tomar en cuenta. Primero que lo natural es que aquel que cree en lo suyo descalifique lo que no conoce o no entiende o es diferente. Poca gente te va a decir “mira sabes qué, yo creo que lo que ellos están haciendo es mejor que lo nuestro”. O “tiene más sentido” o “está más al día”... O sea lo natural es que si tú tienes a tu hijo en un colegio X, consideres que esa es la mejor opción y que todo lo otro tiene algún tipo de falla. Eso es desde el lado psicológico, digamos.

Pero del punto de vista del concepto de alternativo, nosotros no nos denominamos colegio alternativo, porque no somos una alternativa en el sentido de Reyes Rojos, La Casa de Cartón, Héctor de Cárdenas, que lo que hicieron fue una confrontación ideológica. O sea lo que ocurrió fue que los educadores filósofos, los educadores de inspiración social-cristiana, socialista -muchos de ellos de la Católica principalmente- se quisieron confrontar con un sistema de estudios en el que predominaba lo extranjero, el inglés, la ciencia y matemática impuesta por los americanos, y más bien quisieron prestarle mucha más atención a lo nacional, a la integración social, al desarrollo de la personalidad...  Era una manera de confrontarse con esa estructura que venía de los colegios más reputados. Pero ellos mantenían la estructura escolar similar a la de los otros colegios. Acá nosotros no tenemos la estructura de otros colegios. Acá no hay “los cursos” como en otros colegios. Aquí hay todo el tema de cómo vienen los niños en la mañana, con los padres, para escoger una actividad, para estar con ellos, después se van los padres y los chicos hacen proyectos, trabajan en grupo, trabajan por sectores, hacen talleres, integran los talleres con su vida cotidiana. No es que estás agarrando el mismo currículo que encontrarías en el colegio Inmaculada o Markham solo que lo haces “a la Áleph” digamos; es otra estructura. Y por eso más que alternativo consideramos que somos un colegio de vanguardia, o un colegio que piensa estar un paso adelante, porque nada de lo que hacemos es ajeno a lo que recomienda la pedagogía de estos tiempos. Todo está fundamentado en las teorías psicológicas y pedagógicas de estos tiempos. Y cuando vienen acá los niños, vienen los padres y los padres dicen “oye los chicos aprenden cualquier cantidad y la pasan rebien”, ¿por qué tienen que pasarla mal en un colegio? ¿Por qué el aprendizaje tiene que ser duro, hostil?

En otras palabras, Los Reyes Rojos y La Casa de Cartón intentaron reformar el fondo de lo que se enseña pero se olvidaron de la forma.

Mantuvieron la estructura de los cursos tradicionales, de los profesores, de las horas de clase, cada hora 40 minutos, qué se yo... la disciplina de cierta manera; y lo que hicieron fue modificar los pesos. Mucho más peso a lo social, lo nacional, el vínculo con los profesores más horizontal. Menos peso a la tecnología, a la ciencia, a la matemática, al inglés. Más trabajo de convivencia. Entonces era un perfil que se confrontaba con el perfil de la escuela tradicional de ese momento. Nosotros vamos bastante más allá.

Pero no me extraña que, si hay un padre de familia que, no sé pues, que tiene a su hijo en el Santa María o en el Markham o en el Cambridge, y le hablan del Áleph, él tiene que sentir que hay una diferencia, y de alguna manera lo usual es que considere que el proyecto que él escogió tiene más solidez que el otro. Pero es más por una intuición, un deseo, una expectativa... Más que haber venido y preguntamos a pedagogos expertos “dime, lo que se hace acá y lo que se hace acá, ¿dónde encuentras más valor educativo?”. Porque todos los que han venido nos han dicho que esto es lo que hay que hacer.

Sabemos que somos como una provocación. Y hay gente que no tolera la provocación y tiene que descalificar al otro.

Otro pregunta que se hacen los críticos de este sistema es ¿cómo se va a aplicar cuando en el Áleph empiece a haber secundaria?

Igual.

O sea...

Proyectos, sectores, o sea ¿qué cosa hay en primaria que no se puede hacer en secundaria?

Claro pero, la psicología del estudiante -por lo menos en mi caso, tal vez porque he estado en un colegio tradicional- cambia mucho entre primaria y secundaria.

Está bien, pero eso quiere decir que puedes reflexionar sobre estos temas, o aumentar el nivel de complejidad, o tener retos distintos, pero la metodología de trabajo [es] que te dediques a estudiar proyectos que a ti te interesen. Puede ser que a ti te interese... Has descubierto que te encanta el rock y quieres hacer investigaciones sobre el rock. Y todo lo haces sobre el rock. Nuevamente, a mí qué me importa si es el rock o si es la Edad Media o si es Cervantes. A mí lo que me interesa es que te apasiones por un tema e inviertas tu energía para explorar, investigar, analizar, comparar, hacer presentaciones, integrar lo que sabes de música con educación física, con teatro, con historia. ¿Y por qué no se puede hacer a través de la historia del rock? Entonces el tema tiene que ver con que mayor nivel de desarrollo intelectual tuyo confrontará a otro nivel con los retos de los proyectos. Por ejemplo, ahora estábamos haciendo un proyecto, para los niños de primer grado: cómo se calcula quién es más rápido -un perro, un gato, un caballo, un león, una abeja, una hormiga-, ¿quién es más rápido? Entonces los chicos lo que hacen es poner una cinta métrica -digamos, para una hormiga-, una cinta métrica de unos 20 centímetros y una cámara que va a filmar el recorrido y sabiendo cuántos cuadros por minuto tiene la filmación, tú deduces cuánto tiempo necesitaron para recorrer 20 centímetros y sacas la cuenta que son más o menos 200 millas, 80 millas por hora. Y cómo sería con una tortuga, y cómo sería con una cucaracha, y cómo sería con un perro. Y los chicos de primer grado pueden perfectamente estimar velocidades, diferencias, a partir de esa experiencia. Probablemente en secundaria utilizarían las fórmulas de la física o de la matemática para hacer sus ecuaciones, pero la pregunta es la misma: ¿quién es más rápida, una pulga o un caballo? Averigüen.

En cuanto a los recursos que se usan, más allá de los profesores, ¿en el Áleph hay libros que tienes que comprar determinadamente o…?

No, no, los libros los da el colegio. No hay libros. Hay biblioteca, pero no hay libros [indispensables para el desarrollo de la clase]. El profesor diseña su clase todos los días.

¿Y utilizan elementos de aprendizaje online como Khan Academy, ese tipo de programas?

No… Khan Academy es educación tradicional. O sea, ¿qué es Khan Academy? Un tipo que te está haciendo en la pizarra unos ejercicios -los podría haber hecho en vivo el profesor de tu clase- y tú no interactúas porque no puedes preguntar, no puedes presentar tus propios casos. Tú tienes que ver lo que hace este tipo y deducir a partir de lo que él hace cómo se resuelve. Eso es educación tradicional. Claro, les sirve a los americanos, ¿por qué? Porque si el niño no entendió en el colegio, va a su casa, ve la misma clase, y la puede ver 20 veces, y más o menos va entendiendo lo que no entendió en la clase. Pero eso no quiere decir que es una enseñanza interactiva, desarrollo de pensamiento crítico…

Una vez que los alumnos salgan de un colegio como el Áleph, ¿cree que tranquilamente podrían adaptarse al sistema universitario luego de haber sido educados bajo este sistema?   

¿Quién puede decir -hoy- cómo va a ser la universidad del año 2028?

Pero es que, conociendo a las universidades más importantes de nuestro país, o sea, la Universidad de Lima, la Pacífico, muchas de ellas se basan más en métodos de estudio tradicionales.

Claro, pero por eso te pregunto. Si yo tuviera un hijo en 5to de media, me preocuparía por decir “bueno el próximo año va a la universidad, cómo se prepara”, en fin. Pero un papá que pone un niño de 3 años, o 4, en un colegio, y que va a egresar 12, 13, 14 años después; las universidades a las que él va a ir todavía no existen. Y los sistemas de admisión todavía no existen. Y no sabemos si va a estudiar en el Perú. Y no sabemos si las universidades van a seguir teniendo las carreras que tienen hoy, o van a ser otras, y van a tener otros requisitos. Y no sabemos si van a estudiar con hologramas o van a estudiar a distancia, o si van a hacer módulos, o si van a hacer carreras que cada dos años se van a articular con nuevas especialidades.

Entonces, lo que sí sabemos es que un joven que termina este colegio, si sabe pensar, si sabe razonar, si sabe investigar, si sabe enfrentar situaciones de incertidumbre, si sabe convivir con otros, si sabe resolver conflictos, si sabe desarrollarse socialmente, si ha cultivado su pasión, sabe lo que le encanta, sabe lo que le apasiona; ese va a caminar donde quiera. No estoy seguro que se pueda decir lo mismo de los alumnos que terminan hoy el colegio. Y que van a la universidad un poco porque no hay otra ¿no? Y la bica y la trica y la cuatrica, y que te jalan un curso, y te jalan un semestre, que la universidad no sirve, que el profesor no sirve, y que la carrera no sirve y todas esas tonterías. Producto de que ponen a un joven indefenso a escoger algo para lo que no está maduro. Finalmente si yo voy a tener a un alumno en 4to de media, 5to de media que quiere un examen rarísimo -digamos que en esa época todavía hay exámenes como el de la UNI-, se preparará para eso pues. Pero yo no voy a prepararlo de 1ro de primaria para que en 5to de media si quiere ir a la UNI tenga que prepararse para la UNI.

¿Cómo cree que debería ser la capacitación de los profesores en los colegios?

La capacitación que mejor funciona es la del acompañamiento. Un especialista que acompaña al profesor unas cuantas horas a la semana y le ayuda a identificar problemas, y a imaginar estrategias para resolverlos. Y tiene al especialista que lo acompaña, lo aconseja, lo observa, lo apoya… Esa es la mejor capacitación que hay. De vez en cuando algunos núcleos de presentaciones, de talleres, de charlas, o lo que fuera… Claro, porque también necesitas un marco teórico, porque también necesitas algunos ejercicios para vivir algunas experiencias. Pero, en lo cotidiano, la mejor capacitación es tener alguien al lado a quién preguntarle cuando tienes una dificultad, o quien te dé inputs para chequear lo que estás haciendo.

Claro, como un andamiaje

Dicho sea de paso, cuando uno forma un médico, el residente, el candidato, tiene que estar al lado de expertos. Y casi dos años aprender del otro, preguntarle. En muchos de los estudios de abogados, de arquitectura, se hace lo mismo. Primero eres un novato que todo el tiempo estás preguntando. O estás viendo cómo hacen los otros. Y solo después… ¿Qué cosa es una consultora externa? Es cuando yo reconozco que tengo límites de mi conocimiento, busco un consultor experto y le pregunto, frente a mi realidad, qué me aconseja. Bueno, igualito es con los profesores.

¿Y la relación entre profesores y alumnos cómo debería ser?

Horizontal. Porque son dos seres humanos que se están vinculandos y están aprendiendo uno del otro. Eso no quiere decir que tienen el mismo rol. El rol de alumno tiene ciertas reglas y el rol de profesor tiene las suyas. Pero eso no quiere decir que el diálogo no puede ser horizontal. O sea, el rol de ustedes y el mío es el mismo pero el diálogo puede ser horizontal.

Volviendo un poco a lo del currículo… Usted ha demostrado que se puede partir del currículo nacional que rige para todos los colegios e igual hacer una educación diferente, pero de todos modos ha criticado este nuevo currículo que ha aprobado el ministro Saavedra en los últimos meses.

Porque el currículo cuando es muy denso y muy orientado en las competencias y los desempeños, empuja a los profesores a hacer lo que dice el currículo, lo que dice el libro, lo que dice el manual, lo que dice la guía; y orientar su enseñanza para poder medir los resultados. Eso es siglo 20. Eso no es siglo 21.

¿Cómo cree que podría ser modificado el currículo nacional?

Por ejemplo, ¿por qué tienen que seguir con todas las áreas que tienen ahora? Ustedes han estudiado en el colegio matemática, física, química, biología, historia, literatura, economía, religión, educación física… ¿por qué? ¿Por qué hay que segmentar la realidad? ¿Por qué no tener un fuerte núcleo centrado en -por ejemplo- proyectos interdisciplinarios? Que el profesor reciba solamente algunos mínimos de cada grado, y decirles “bueno ustedes vean cómo hacen que eso aflore en clase”.

Hace un rato dijo que el ministro Saavedra le había dado importancia a la infraestructura. Tengo entendido que el Áleph está construido de manera circular con una finalidad, ¿cómo afecta la infraestructura en el aprendizaje de los niños?

La infraestructura habla. Si ustedes entran acá y dicen “ah caray, qué bacán”, ya está. O sea la infraestructura te habla, te dice: es acogedor, es atractivo, es estético. Te genera un sentimiento de integración, de comunidad, de circulación, de transparencia. O... es un búnker, donde cierras la puerta y nadie sabe lo que pasa adentro y lo que pasa afuera.

De hecho por eso también tiene un montón de mamparas ¿no?

Y vidrio por todos lados, y todo se ve, y todos ven. Hay puertas por supuesto porque hay momentos que hay que aislar el ruido o generar alguna privacidad, pero nadie tiene por qué no saber que estamos conversando. Y yo, mientras conversamos, puedo ver si algo pasa afuera, ¿cuál es el problema? ¿La vida no es así acaso? Cuando uno está en su casa, en la oficina, en la calle, ¿el adentro y el afuera no están dialogando? Entonces el diseño de un colegio tiene que responder a su filosofía y tiene que transmitir un clima una sensación, que puede ser sensorial en parte. Y puede ser -digamos- conceptual porque no poca gente dice “ah qué buena idea, hacer algo circular y entonces hay un sentimiento de integración, de comunidad, de compartir”. Esa es una cosa más sensorial que simplemente pues pabellones, como en las cárceles ¿no?, y cada salón está separado del otro y nadie sabe lo que pasa en el otro y la puerta se cierra y se acabó; el profesor es dueño de su clase, nadie puede mirar, ni criticar, ni aprender, ni nada del otro. Nosotros llamamos al ambiente como tercer maestro.

¿Qué le diría a quienes critican al Áleph por la inadaptabilidad del modelo a sectores más pobres? Porque de hecho que -así todo esto funcione muy bien, que yo creo que sí- no cualquier pueblito puede construir un colegio así y no cualquier padre puede pagar… [un colegio así]

Nosotros tenemos un equipo que se llama Transforma, que está replicando no el colegio todavía pero sí los nidos con los que trabajamos (La Casa Amarilla, que son socios). Estamos replicando la experiencia en pueblos jóvenes. Porque el tema es metodológico, el tema no es dinero. Nosotros quisimos hacer una infraestructura de esta naturaleza porque estábamos pensando en una inversión importante porque esto se va a convertir en una especie de referente, para muchos otros un centro de capacitación. Y porque la única la única manera de financiar esto es con gente que pague pensiones relativamente altas porque sino no se puede financiar toda la propuesta en su integralidad. Pero los aspectos específicamente vinculados a la metodología son replicables. De hecho, tenemos ahorita en Pamplona, en San Juan de Lurigancho, en Villa el Salvador, en los Olivos, y en 4 regiones del Perú, nidos que están trabajando con la asesoría nuestra fundamentalmente para replantear la metodología y la estética del espacio que tengan, no importa cuál es. Y cuando uno visita esos lugares uno dice “oye caray esto parece un nido de La Casa Amarilla”.

¿Y planea en el futuro transformar esos proyectos de nidos en zonas marginales a colegios?

No, nosotros esa parte la vemos como la proyección social. Digamos, como un esfuerzo de transferirle a otros nuestro saber. Dicho sea de paso, acá nos visita todo el tiempo un montón de gente de otros colegios. Universidades, colegios, facultades de arquitectura también, porque quieren aprender. Y nosotros nos vemos a nosotros mismos como un acuario que todo el mundo puede mirar lo que pasa adentro. No hemos pensado en que esto es solo para nuestros alumnos. Claro, nuestros alumnos son aquellos cuyos padres confiaron en este proyecto y quieren que estén acá, pero todo lo que produce el colegio Áleph es de dominio público.

¿Cómo te explicas que nosotros, después de un año de existencia, ya éramos un referente para una buena parte de los padres de los niveles A/B? En un año. Hoy en día prácticamente cuando uno tiene que escoger un colegio te dice “X, Y, Z, o Áleph”. Y recién tenemos 2 años. Quiere decir de que hay algo, de lo que hacemos, que de alguna manera tiene algún sentido porque sino la gente no nos daría la importancia que tiene [el colegio], porque a veces uno necesita ver al contrario para oponerte porque al oponerte reafirmas tu identidad; hasta que llega un momento en el que tú digas “oye ¿mi identidad es un poco falsa no?”.

Ahora que ya ha entrado el nuevo gobierno ¿qué espera del sector Educación en este nuevo quinquenio?

Un poco más de flexibilidad de parte del Ministerio en relación al currículo, en relación a las normas de evaluación, en relación a las pruebas censales porque creo que hacen mucho daño…

Usted ha hablado de convertir al Perú en un gran laboratorio de innovación pedagógica.

Imagínate que hubieran pues, 2 mil Áleph... O sea, no como el Áleph, sino cada uno con su inspiración haciendo otro colegio. Te aseguro, que habrían muchas más propuestas creativas, innovadoras, que si todos los colegios tienen que hacer lo mismo. Y el Perú necesita innovación.

Usted, que siempre ha sido -si no la más importante- una de las voces más importantes respecto a educación en nuestro país ¿alguna vez le han ofrecido el cargo de Ministro?

Me han ofrecido, en los últimos 25 años, un montón de veces

Y ¿por qué lo rechaza?

Primero porque no tengo vocación de funcionario público, la verdad. Y segundo que la posibilidad de hacer una reforma en el Perú en el sentido integral de la palabra -que eventualmente yo estaría dispuesto a asumir- requiere un acuerdo político entre el Presidente de la República, el Primer Ministro, el Presidente del Congreso (o los grupos mayoritarios del Congreso), y el Ministro de Economía. Porque en realidad el gran decisor de lo que se hace en Educación es el Ministerio de Economía. Más de una vez yo, un poco en broma… cuando me decían “¿no quiere ser usted Ministro de Educación?, yo  decía “no de Economía”. Porque desde la economía puedo influir en educación mucho más. Si el tema de la educación no es un leitmotiv del gabinete en su conjunto, apoyado por supuesto por el Presidente y el Primer Ministro -donde el Ministro de Economía da todas las facilidades, pero además en un diálogo político con el Congreso para que el Congreso de las normas, de las leyes, etc. que se necesitan- el margen de maniobra de un ministro es muy, muy reducido. El desgaste es muy grande. Los juicios que después te hacen por cualquier tontería también. Entonces, yo siento que, si fuera ministro, hay una alta probabilidad de que no pueda realizar buena parte de lo que creo que hay que hacer por esta falta de articulación. Mucho más ahora, que cada cosita que quiera hacer el Gobierno va a tener que negociar con el Congreso. Y por otro lado porque en este momento de mi vida, hacer del Áleph un gran referente mundial de la educación es un reto que me parece más significativo que hacer el rol de Ministro de Educación. Yo tengo la expectativa de que en un par de años Áleph sea conocido en todo el mundo, no solo en el Perú. De hecho ya viene gente de todas partes a mirar qué hacemos.

En Singapur, si no me equivoco, el Ministerio de Educación y el de Tecnología están antes que el de Economía ¿no?

Sí, sí… el de Economía tiene que apoyar ellos resuelvan.

Yo puedo asesorar al Ministerio de Educación en aquellas áreas en las cuáles yo tengo solvencia y el Ministerio cree que puedo ser útil. Puedo acompañarlos liderando algún proyecto de innovación, pero no en el rol de ministro que es un rol político, es un rol de todo el tiempo estar negociando con los políticos…

¿Al menos que venga algún candidato en algún momento que hable directamente con usted y le diga que quiere hacer esa reforma, dándole el protagonismo a la educación?

Más que qué diga, que se arme el equipo que esté dispuesto. Porque en educación lo único que yo escucho de todos los políticos desde hace 25 años es que “¡vamos a darles educación de calidad para todo!” o “¡vamos a hacer que todos los niños vengan al colegio!” y “¡vamos a ser los número uno en PISA!” y dios sabe qué… Porque las palabras no pagan impuestos… Yo puedo decir también pues que voy a inventar una pastilla para quitarle 20 años de edad a cada persona… ‘Ta bien pues, suena bonito, y si eso me da votos, ¿por qué no? Pero en los hechos…

En ese sentido el gobierno de Humala sí marca una diferencia con los anteriores porque ha puesto mucha más plata, y ha puesto un Ministro que tiene cabeza, que tiene prestigio, que es decente, que es correcto… pero el ministro que es economista no tiene por qué saber de pedagogía. Quizás su limitación está en no ser suficientemente sensible al saber pedagógico que se requiere para renovar el aprendizaje. Le falta conectarse con eso, pero no le quita mérito en todas las otras cosas que ha hecho.

Hablamos de la presión que pueden ejercer las universidades para alguien que está en 5to de secundaria. Usted ha estado escribiendo últimamente del valor que puede tener tomarse un año de "break" entre la salida del colegio y el ingreso a la universidad… Cuando converso esto con otras personas suelen decirme que puede ser que ese año te dé experiencia pero el coste de oportunidad es muy alto [o sea, que no vale la pena retrasar un año de vida universitaria para trabajar]

Mira, si vas a ser una persona sana, vas a vivir 120 años, con la medicina de hoy. Si vas a ser una persona enferma, bueno eso no tiene fecha de caducidad (en cuyo caso también, aunque hayas empezado antes, da lo mismo). Una persona que tiene 16 años, o 17, que le digan que con un año va a perder la carrera por la vida, cuando sus pares en Europa y en Israel y en buena parte de Estados Unidos arrancan a los 20 o 21 la universidad, o a los 23 y en Israel a los 24, y no se quedan nada atrás desde el punto de vista de su nivel profesional… Entonces eso de que vas a perder un año de tu costo-oportunidad y demás eso está bien como, digamos... Como un dato del siglo 20, donde las personas se morían a los 65 años. Está bien, entonces ya mientras antes mejor, ¿no? Y aun así. Pero hoy… hoy en día cuando uno quiere trabajar en algo lo primero que te van a preguntar es qué has hecho en tu vida, no te van a preguntar dame tu currículo [sic]. Y si tú dices “mira yo he trabajado un verano en Estados Unidos atendiendo a los turistas”, “he trabajado 6 meses en un orfelinato”, “me fui 3 meses a trabajar a la selva”, “he hecho voluntariado en África”, he hecho… dios sabe qué, “me he dedicado a la música porque quería saber si la música es mi pasión o no”... yo como empleador te contrato a ti antes que a los otros porque tienes una vida más rica, más nutritiva, más estimulada; y porque tengo la tranquilidad de que cuando escojas una carrera y una universidad vas a llegar con una madurez superior a la de aquellos que ni bien están en el colegio ya están escogiendo una carrera ¿Por qué? Porque su papá quiere, porque su profesor le dijo, porque su compañero va a la misma universidad “entonces yo también”... ¿Eso es madurez?

El mayor costo de oportunidad para ti es que encuentres tu pasión. Y no que te dediques un año a vagar en la universidad para ver si te encuentras a ti mismo… o a una pareja.

Hay una limitación a lo que yo planteo y es que lamentablemente en el Perú la legislación laboral para jóvenes menores de 18 es bien restrictiva, o sea eso tiene que cambiarse. Porque yo creo que también tienen que trabajar. En el Kentucky, en un chifa, donde quieran. Aprender qué cosa es trabajar, qué cosa es la disciplina, qué cosa es la atención al cliente, etc. Pero aparte de viajar, de ser voluntario... Lo mismo que tu papá está dispuesto a pagar por un año en la universidad, haz de cuenta de que la universidad no dura 5 años sino 6, y el primer año es “mi universidad de la vida”. Después vendrán los 5 otros. “Ese págame, lo mismo que me pagarías si voy a la universidad, págamelo mes a mes para explorar mis intereses”. Y te aseguro que tu punto de vista del costo-beneficio es mucho mayor, que entrar a la universidad y que te jalen y no te guste y que te aburres y que te drogas y que te dedicas a las discotecas… ¿cuál es el beneficio de eso?

Finalmente a muchos ni siquiera les gusta su carrera y se quieren cambiar y eso hace que de demoren inclusive más.

Pero gracias a eso [ingresar a la universidad] es que le dan el carro, le dan propina, o que le pagan… Estamos grandes para eso.

Y ¿cree que en el Perú existe alguna carrera bien diseñada para educadores del futuro? Porque tengo entendido que la vocación pedagógica no está estrictamente atada a una carrera de Educación, puedes estudiar algo como Economía, Antropología, Psicología…

Sí pero de todas maneras te da herramientas… Porque obviamente si uno lee sobre educación si una participa de talleres o experiencias, con gente que conoce, uno va entendiendo las teorías, uno va entendiendo lo que están diciendo las investigaciones, uno empieza a reconocer ciertos autores que son referentes interesantes para consultar… Nada de eso lo tienes si es que estudias -digamos- Biología y quieres ser profesor. Podrías aprender un poco de la práctica pero siempre vas a tener un vacío de formación.

La carrera de Educación en el Perú ¿cree que se encuentra al nivel de su propuesta pedagógica o sigue siendo muy tradicional?

No, es bien tradicional. Es muy muy tradicional porque los profesores, con excepciones, se han formado en ese esquema, eso es lo que conocen, eso es lo que hacen. Entonces es difícil que enseñen algo que no es lo que ellos han vivido ni lo que ellos han estudiado. Entonces yo entiendo que hay un círculo vicioso negativo que tiene que ser roto por…

A eso iba mi pregunta porque tal vez sea mejor estudiar otra carrera para poder abordar mejor la educación del siglo 21 que no se enseña en las universidades.

Sí, pero… O se hace pues algún tipo de complementación pedagógica o alguna maestría. Yo por ejemplo estudié Ingeniería y he hecho maestría en Educación. Y entonces es un poco distinto.


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