Por qué son necesarias las patentes, por Antonella Chichizola
FUENTE: Difusión

2016-02-06 21:45:00

Antonella Chichizola 

Antes de pensar en eliminar las patentes, deberíamos buscar rutas alternativas para subsanar sus consecuencias negativas.


En estos últimos días se firmó en Nueva Zelanda uno de los tratados comerciales más importantes de la época: el Acuerdo de Asociación Transpacífico, más conocido como TPP. A pesar de que promete traer muchos beneficios a los peruanos, el tratado ha sido objeto de numerosas críticas, en gran parte por el secretismo bajo el cual se hicieron las negociaciones y la poca difusión de sus cláusulas. Uno de los puntos más criticados gira en torno a las disposiciones sobre el derecho a la propiedad intelectual. Sin embargo, creo que, debido a su funcionalidad, este es imprescindible y antes de pensar en eliminar las patentes deberíamos buscar rutas alternativas que subsanen sus consecuencias negativas. Me explico:

Los derechos de propiedad intelectual se imparten tanto dentro de las áreas creativas (como literatura, música, arte) como en las áreas de ciencia, por ejemplo, sobre la creación de medicinas biológicas o la síntesis de fórmulas químicas.  Esto quiere decir que, durante un tiempo determinado, el autor tiene derecho a ser el único que disfrute económicamente de su creación. En el caso de las creaciones artísticas, por ejemplo, las patentes duran la vida del autor más 70 años. Y, en el caso de las medicinas, los laboratorios pueden retener la exclusividad hasta por 20 años. De este modo, se asegura que se recupere la inversión y se generen beneficios suficientes para pagar a sus accionistas.

Las objeciones que se presentan contra las patentes son básicamente tres:

  1. Hacen más lento el progreso porque hay que esperar a que la patente venza antes de poder tener acceso a la información protegida e innovar a partir de ella.
  2. Vuelven elitista la cultura, pues es más difícil acceder a las producciones de la época.
  3. Encarecen los medicamentos volviéndolos inaccesibles para los sectores más pobres.

Sin embargo, se puede argumentar que la propiedad intelectual a su vez es necesaria para el progreso, pues funciona como un incentivo para que las personas inviertan su tiempo - y muchas veces sumas multimillonarias de dinero- en la investigación y producción de nuevos medicamentos,  soluciones sociales, económicas y ambientales, entre otras ramas del conocimiento. Si no existieran las patentes, probablemente hoy no tendríamos muchas curas contra enfermedades terminales como el cáncer o el SIDA, pues son muy pocos los que se hubiesen arriesgado a asumir costos tan grandes sin recibir beneficios más allá de la satisfacción personal.

Creo que de las tres críticas presentadas arriba, la más polémica es la de los precios de los medicamentos. Al monopolizar el mercado, los precios de las medicinas se disparan hasta que la patente expira y pueden crearse medicamentos genéricos (los cuales son más baratos y en teoría tienen los mismos componentes). Claramente, el que un sector de la población no pueda costearse tratamientos o medicinas indispensables es un tema que concierne a la opinión pública. Sin embargo, las patentes no son el problema. El problema es la falta de políticas públicas que solucionen estos efectos secundarios temporales. Pero antes de seguir, revisemos algunos datos estadísticos.

Según cifras publicadas por el Ministerio de Turismo, entre el año 2000 y el 2014 se presentaron 8 600  solicitudes de patentes farmacéuticas. De aquellas sólo, 2 717  fueron otorgadas. Sin embargo, lo más sorprendente es que –a pesar de que la legislación peruana permite exclusividad por veinte años- la mayoría de las patentes médicas expiran alrededor de los ocho. Esto es así porque anualmente las corporaciones deben pagar cuotas de mantenimiento de la patente y pueden dejar de pagarla cuando deseen, haciendo que su información se vuelva de dominio público y por lo tanto se produzcan medicamentos genéricos.  Para junio del 2015, sólo 16 patentes farmacéuticas llegaron al límite de plazo, o sea 20 años.

Ahora que aterrizamos un poco el tema, vayamos al siguiente punto. ¿Qué pasa con los peruanos que no tienen los recursos suficientes para acceder a los medicamentos mientras las patentes aún están en vigencia? Como mencione anteriormente, es un tema que se resuelve con políticas públicas de salud. En el Perú estas diferencias están cubiertas por programas de EsSalud y el Ministerio de Salud. El problema en el acceso a medicinas en nuestro país es que no existe aún una legislación para la inscripción de medicinas biosimilares.

Las medicinas biosimilares son como los medicamentos genéricos pero, en lugar de reemplazar a los fármacos de síntesis química, sustituyen a las medicinas biológicas. Estas se utilizan para el tratamiento de enfermedades complejas como el cáncer. En el Perú, se usan medicamentos biológicos para el tratamiento de estas enfermedades, pero sus costos son especialmente altos porque las alternativas biosimilares no pueden ingresar a nuestro mercado. El TPP llegó al acuerdo de que las patentes para este tipo de medicamentos durasen 5 años como máximo – sin ser una imposición, pues deja espacio para que los gobiernos de cada país hagan excepciones si lo requiere el caso.

Pero, una vez más, las patentes no tienen por qué ser una traba para el acceso a la salud si se tienen políticas públicas efectivas. Por ejemplo, el Estado podría subsidiar estas medicinas para los sectores de la población que no pueden acceder a ellas. Y, para evitar la corrupción, estas políticas deberían ser reguladas por organizaciones autónomas que garanticen transparencia y el seguimiento de los fondos y donaciones. 


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