La crisis de los refugiados: Basta de victimizar a Europa, por Mireia Ginard
En una playa marroquí se rindió de esta forma homenaje a Aylan Ku
FUENTE: AFP

2016-01-13 15:30:00

Mireia
Ginard
 

Hablemos claro, el drama humanitario se equipara al de la II Guerra Mundial.


La cuestión de los refugiados, que ha sido el pan de cada día desde el año pasado, ha puesto en evidencia a los gobiernos europeos por su demostrada ineficaz gestión de la crisis migratoria. Aunque a decir verdad, llevadera ha sido para ellos la ola de refugiados si se tienen en cuenta los siguientes datos.

Mientras se sufren los 800,000 refugiados que han llegado y repartido por toda la geografía europea, cuatro millones subsisten en los países que hacen frontera con Siria. Sólo en Turquía se concentran dos millones, más de uno en el Líbano (haciendo que uno de cada cuatro habitantes en el Líbano sea sirio) y más de 600,000 en Jordania. A eso me refiero cuando digo que a Europa le ha tocado la parte llevadera de la desgracia. Y menuda desgracia.

Parece que no nos queremos dar cuenta, pero el drama humanitario que estamos viviendo al día de hoy se asemeja al que hubo en la II Guerra Mundial y, obviamente, las medidas tomadas no están a la altura.

Pero rebobinemos. El problema de los refugiados tiene un claro origen, que es la guerra de Siria. Una guerra que no nos dejemos engañar, no es una guerra civil ni un conflicto a pequeña escala con consecuencias que han chorreado a Occidente. Siria es un país que ha recibido más de 7,000 ataques por parte de Estados Unidos en un sólo año. Lógica y consecuentemente cuando las intervenciones finalicen en el terreno, esto no se arreglará con ningún apretón de manos entre líderes políticos ni ningún acuerdo diplomático en organizaciones supranacionales. Como diría Mikel Ayestaran, periodista freelance especializado en Oriente Medio y buen conocedor de la región y sus reglas del juego, “la herida de sangre” seguirá manteniendo latente el conflicto pues “en Oriente Medio lo que funciona es el ojo por ojo y la herida de sangre se paga con sangre”. Así que “aquí hay sangre para rato”.

Pero Europa, que no sé hasta qué punto piensa en la venganza que se avecina, si no fuera por los cayucos que han teñido visiblemente las costas mediterráneas y por los sirios miembros del grupo yihadista ISIS que últimamente rondan por las calles europeas, poco hubiera intuido que aún hay sangre para rato. Si se me permite meter un poco más el dedo en la llaga, diré que lo que ha mantenido vivo el conflicto en el primer mundo ha sido el efecto aspirina y los escándalos al estilo Colonia.

Tomando de nuevo las palabras de Ayestaran, el efecto aspirina es aquel que provoca que el mundo occidental se conmocione por una foto, como fue la del niño sirio de tres años ahogado en una playa de Turquía que huía del conflicto en su país, que a las 48 horas ya no tiene ningún efecto en el pesar de los que vivimos con los problemas típicos de los países occidentales.

Estas fotos hacen que, aunque sea por un momento, seamos conscientes de las miserias que pasan países cuyo terreno es el campo de batalla. Gracias a los acontecimientos que son portada en los periódicos porque azotan nuestros países, como las agresiones sexuales en Colonia por parte de inmigrantes musulmanes de zonas emisoras de refugiados, o los atentados en París perpetrados por ISIS (grupo que domina los territorios donde el régimen oficialista no puede llegar debido al conflicto) es que le ponemos nombre y caras a los refugiados y al problema que tendrá en vilo al mundo en los próximos años, el de los que huyen.

 


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