Los gays ya pueden adoptar en el Perú, por Antonella Chichizola

2015-12-15 16:10:00

Antonella Chichizola 

No hay nada ni en la ley ni en la Constitución que impida que un homosexual pueda adoptar.


Durante el debate de la Unión Civil, algunos parlamentarios – entre ellos el ex presidente del Comité de Justicia del Congreso, Rolando Sousa - argumentaban que sería necesario realizar una reforma en la Constitución para que este proyecto de ley se aprobase. Además, son bastante conocidos los argumentos que afirman que legalizar la unión entre homosexuales es sólo el primer paso para que se desate una pandemia que acabará con “el modelo de familia tradicional” porque luego “los gays van a querer adoptar”. 

Y claro, nadie quiere ver que un niño abandonado en un orfanato pase a tener una familia que lo cuide y le brinde un futuro mejor si se trata de una pareja de homosexuales. Mejor que termine en la calle o que se sienta completamente solo y desarraigado en un albergue antes de que un par de gays o lesbianas puedan ofrecerle el sincero amor de una familia.

En cualquier caso, ambas afirmaciones están equivocadas. La Unión Civil no es anticonstitucional, por lo cual no hay razón alguna para reformar la Constitución antes de aprobar el proyecto de ley; y los homosexuales no van a empezar a querer adoptar, como afirman muchos congresistas conservadores alarmados, porque de hecho ya pueden hacerlo.

Las adopciones en el Perú, según el artículo 2 de la Ley 26981 del Código Civil, pueden ser realizadas tanto por parejas unidas por matrimonio o unión de hecho (reconocida legalmente), como por solteros que sean mayores de edad.

“Adoptantes son los cónyuges, los convivientes conforme a lo señalado en el artículo 326 del Código Civil, o la persona natural, mayores de edad, que expresen de manera formal, indubitable y por escrito su deseo de adoptar un menor de edad declarado en abandono judicial, dirigido a la Oficina de Adopciones señalada en el artículo anterior".

Quien desee adoptar debe enviar una solicitud a la Oficina de Adopciones. Luego se realiza una evaluación que “comprende los aspectos psicológico, moral, social y legal de los adoptantes". Por ejemplo, se investiga que los adoptantes no tengan antecedentes penales, que tengan una fuente de ingresos estable con la cual criar a sus futuros hijos, que los ambientes en los cuales crecerán los niños sean seguros, etc.

Quizás algunos escépticos hayan saltado de inmediato cuando leyeron que la evaluación implica una constatación de solvencia moral y hayan llegado a la arcaica conclusión de que, por lo tanto, un homosexual no puede adoptar. Me parece casi innecesario tener que explicar esto, pero porsiacaso: el requisito de solvencia moral no tiene nada que ver con la orientación sexual. El requisito de testificar solvencia moral simplemente implica que el o los adoptantes presenten certificados de antecedentes penales o policiales  que demuestren que no han cometido actos ilícitos. Lo moral no se define a partir de dogmas religiosos cuando se trata de discusiones legales.

No hay nada ni en la Ley ni en la Constitución que impida que un homosexual pueda adoptar. Y si un gay o una lesbiana presentan hoy una solicitud para adoptar y aprueban todos los requisitos – incluyendo que el adoptado manifieste estar de acuerdo con la adopción – podrán hacerlo perfectamente sin ningún impedimento de la ley. Si a un homosexual se le niega arbitrariamente la adopción habiendo aprobado todos estos requisitos no será una cuestión de trabas legales sino de prejuicios y discriminaciones de los que aún somos esclavos como país.

Y a pesar de que lograsen adoptar de esta forma, aún “hay, hermanos, muchísimo que hacer”. Una pareja de homosexuales puede incluso criar a un hijo conjuntamente y no habrá ningún problema legal con esto. Pero eso sí, el adoptado estará únicamente bajo la potestad de uno de los padres y el otro no tendrá ningún tipo de derecho legal sobre su hijo porque la ley no lo permite.

El que una pareja de homosexuales no pueda adoptar de forma conjunta y compartir un proyecto de vida es completamente anti-ético, es una violación de derechos y nos hiere a todos profundamente en un principio tan básico de la vida en sociedad como lo es la igualdad y el respeto por cada uno de sus individuos.

Cuando pienso en la lucha constante de los homosexuales –porque cada paso es una lucha cuando un individuo es marginado por sus semejantes –no puedo evitar evocar la imagen de Martin Luther King sobre las escaleras del Lincoln Memorial cuando dio el discurso que pasó a la historia como “la mayor demostración por la libertad en la historia de E.E.U.U”.

Me cuesta imaginar un tiempo en el que los derechos de millones de individuos se veían vulnerados por el simple hecho de tener una tonalidad de piel diferente. Pero claro, en ese entonces los rezagos de un período de ciencia en el que “se demostró” que la especie humana está plagada de “razas” y que algunas son superiores a otras y por lo tanto “no todos somos iguales y no debemos tener los mismos derechos” aún no habían terminado de disiparse. 

Felizmente, estamos en un período en el que la gran mayoría de personas hemos superado una de las últimas cadenas de esclavitud que hemos heredado de nuestros padres y pronto llegará el día en que repartamos la justicia con un “velo de la ignorancia”, como diría Rawls, y los derechos sean otorgados imparcialmente entre todos los seres humanos por igual. Los homosexuales ya pueden adoptar, pero no pueden hacerlo ejerciendo plenamente sus derechos de casarse y formar una familia en la que la potestad del hijo sea compartida por ambos padres o madres. Estamos suficientemente al tanto del absurdo juego de poder que se da detrás de las marginaciones ante la ley y no vamos a permitir que se impida que la libertad siga democratizándose. 


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